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lunes, 21 de enero de 2013

Excursión por la Comuna de Bunyola (II): el Penyal de l'Honor

En la primera parte de la excursión por la Comuna de Bunyola nos quedamos dentro del pinar a poca distancia de entrar definitivamente en un encinar. Como se aprecia en la foto, en los bordes del camino abundaban matas de Ampelodesmos mauritanica, llamadas càrritx por estos lares, una gramínea de gran tamaño y hojas de forma acintada y cortante que crece en espacios soleados y es particularmente abundante en la Sierra de Tramuntana.


Finalizando el pinar 

Dentro del encinar el ambiente es radicalmente distinto. El dosel del bosque es notablemente más espeso y llega mucha menos luz al suelo. Todavía se pueden ver algunos pinos, pero no dejan de ser árboles de cierta edad y con la suficiente altura para recibir luz solar directa, que progresivamente irán muriendo por una u otra causa. No hay ejemplares jóvenes que crezcan a la sombra para relevarlos, pues el pino es una planta heliófila (de las palabras griegas Helios, Sol; y fila, "amante de") es decir, necesita mucha luz solar. De este modo, el encinar substituye al pinar en un fenómeno conocido como "sucesión ecológica".


En pleno encinar. Sombrita güena.

Tras un rato de caminar llegamos a un cruce de caminos situado al lado de otro horno de cal, similar al que ya vimos en el primer post. 


Otro horno de cal

Así como en aquel vimos pinos arraigados sobre la pared de piedra del horno, en esta ocasión encontramos encinas jóvenes creciendo dentro.


¿Prohibido circular con bici en el horno?

Tomamos el camino hacia Cas Garriguer (está señalizado) y la espesura del bosque se incrementa. Es notable como el suelo presenta una gran cantidad de roca desnuda. Aquí aún vemos algunos pinos, pero escasos y algunos de ellos moribundos o caídos.


En la espesura del encinar. Aquí es donde uno se pone la chaqueta.

Como comenté antes, los encinares son bosques sombríos donde las plantas heliófilas no pueden prosperar. Realmente hay poca vegetación viviendo de la escasa luz que llega al suelo; el encinar se caracteriza por un sotobosque pobre, como muchos bosques maduros. Entre las plantas que vemos podemos contar musgos, que favorecidos por la humedad cubren buena parte de las rocas. También podemos encontrar en este ambiente al Cyclamen balearicum, conocido vulgarmente como pà de porc (pan de cerdo). Esta especie es un vestigio de Mioceno que hoy en día sólo podemos encontrar en las Baleares, Gerona y el sur de Francia. Son curiosas sus flores blancas con pétalos que crecen hacia atrás. Otro rasgo llamativo es el color del envés de sus hojas: violeta. 


Pà de porc (pan de cerdo), o Cyclamen balearicum creciendo entre hojas de un pino aislado.

Por supuesto, seguimos encontrando hornos de cal. Como veis, antaño hubo una buena industria explotando este recurso en la Sierra.


Y otro horno de cal más...

La entrada al horno, por si alguien quiere ver qué se cuece...

Poco después de pasar por este horno salimos del encinar y vamos a parar a un cruce de caminos en el que hacemos un alto para comer. Un trozo de pan y un butifarrón, queso y naranja. Y vuelta a arrancar.

Seguimos por encinar, pero ahora más abierto, a través de un camino notablemente más ancho. Llegado un punto, nos encontramos con una antigua sitja, una plataforma redonda de piedra y tierra que los carboneros utilizaban para apilar madera de encina y fabricar carbón vegetal por combustión incompleta. Al igual que en el caso de los hornos, estas construcciones abundan en la Sierra de Tramuntana. La madera de encina tiene un alto poder calórico, lo que la hace adecuada para este fin, y en el pasado en Mallorca estos bosques fueron explotados de forma sostenible para producir combustible. 


Sitja de carboner. Frecuentemente en las cercanías construían también una pequeña cabaña.

El encinar es ahora más abierto y el camino más ancho y despejado.

El hecho de que el bosque no sea tan frondoso nos permite ver de nuevo plantas heliófilas creciendo entre las encinas, como el càrritx que se ve en la siguiente foto, abajo a la izquierda.


Heliófilas y umbrófilas conviviendo en paz y armon... dura competencia.

Finalmente el encinar desaparece para dejar paso a un paisaje arbustivo. El camino, totalmente despejado, está rodeado ahora de lentiscos (Pistacia lentiscus), madroños (Arbutus unedo), estepa blanca (Cistus albidus) y otras muchas especies que crecen densamente pero sin alcanzar una excesiva altura, aunque también hay algunas encinas aisladas. Al fondo volvemos a avistar un señor pinar, en el cual nos habremos de internar girando a la izquierda para alcanzar la cumbre. Pero para eso habréis de esperar al desenlace de la excursión, próximamente en vuestro blog favorito este blog. 


De verdad, a estas alturas de la excursión se agradece un poco de camino llano y recto.

Mientras tanto os dejo un enlace al blog "Sangrando en Verde" para que aprendáis cositas sobre el Cyclamen balearicum.





NOTA: Este post participa en la XX edición del Carnaval de Biología, que hospeda Multivac42 en su blog Forestalia, y cuya temática es, como no podría ser de otra forma, "En el bosque...".

martes, 10 de abril de 2012

Cierre del XI Carnaval de Biología, y continuará.


Hace no muchos días terminó el XI Carnaval de Biología, que tuvo el honor de ser albergado en este blog. Lamento no haber podido realizar mi labor de resumen de la edición antes, y de hecho no será ahora cuando la ofrezca. Sin embargo, reproduzco aquí el listado de todas las participaciones a la espera de comentarlas tal y como merecen. A todos los participantes gracias por compartir su trabajo.

Por supuesto, antes de entrar en faena, mencionar que el XII Carnaval de Biología será albergado por @doctorGENoma en su blog Blog de Laboratorio. ¡Ánimo, campeón, que esto está chupado!

Y ahora así, los participantes de la XI edición en un listado que será comentado en la próxima ocasión:

martes, 6 de marzo de 2012

XI Carnaval de Biología

Algunos pueden decir del once que es un número soso. En el sistema de numeración decimal la estrella es su predecesor, el diez, y todos sus múltiplos. Los décimos, centésimos y milésimos aniversarios siempre son motivo de festejo o conmemoración. El cinco es el secundario importante: los cuartos y los medios siglos no pasan desapercibidos, y aún quedan quienes celebran bodas de plata y de oro. Existen billetes de cinco y de cincuenta euros, y todos recordamos al entrañable duro y a su secuaz la moneda de veinticinco pesetas, precio recomendado de las bolsas de Matutano. La numeración romana no le dedica un simbolito exclusivo, como sí lo hace para el uno (I), el cinco (V), el diez (X), el cincuenta (L), el cien (C) o el mil (M). En el sistema sexagesimal el once tampoco pinta mucho. Esta vez es su sucesor, el doce, uno de los protagonistas. Cuando en la huevera hay un agujero vacío falta algo. Y cuando el reloj marca las once la verdad es que no pasa nada importante. A esa hora los programas de la tele están a mitad: ni empiezan ni terminan, excepto en Canarias. No hay un telediario de las once. No se entra o se sale de trabajar a las once. Tampoco se cena ni se desayuna. Además, el once no juega en la liga de los números que podríamos llamar "simbólicos". Aquí tenemos el doce, otra vez: los apóstoles. Se quedaron en once tras la traición de Judas, pero le buscaron sustituto. El trece, el de la mala suerte, el cuatro para los chinos, mientras que el siete es el de la buena. El uno es el número de los ganadores, el del portero y el del As de la baraja, el dos el de la bilateralidad y todas sus consecuencias, y el tres el de la Santísima Trinidad y el de aquella a la que va la vencida. Pero el once es menos que el cero a la izquierda.

Sí, podríamos decir que el número once es un tristón aburrido y un marginado social. En otras circunstancias incluso respaldaría esa postura. Pero la cuestión es que este mes, Marzo del 2012, Ciencia y alguna otra cosa tiene el honor de albergar la décimoprimera edición del Carnaval de Biología. Indudablemente esto es importante para el once: le da caché. Ahora ya no es un don nadie ni un soseras: es un número discreto y con buen gusto, amante de la sencillez, sobrio y poco dado a la ostentación. Una bellísima persona, como este blog. Sin embargo, un número introvertido como es el once seguro que tiene muchas cosas de gran interés que contar, y durante este biocarnaval confío en que podremos leer varias de ellas. Así que vamos a ponernos a ello.




Pues no, resulta que el tema que voy a proponer no es "la Biología y los números", aunque no sería mala idea. Resulta que el año 2012 es el Año de la Neurociencia en España, así que lo tentador sería animar a la gente a escribir sobre ese tema (el cual, por cierto, increíblemente aún no ha sido propuesto en ninguna de las diez ediciones anteriores). Sin embargo ese no es mi campo, así que he decidido ensanchar la propuesta un poco más. Bueno, un poco... bastante. El tema central de estudio de la Neurociencia son los sistemas neuronales, que en última instancia son redes por las que captan, manipulan, almacenan y generan información. Realmente este conjunto de procesos es algo común a todos los sistemas vivientes, incluso a aquellos que no tienen ni una neurona, así que he decidido proponer como tema la información y la vida. ¿Cómo la captan los sentidos? ¿Cómo la procesan y almacenan los seres vivos? ¿Cómo reaccionan ante ella? ¿Cómo se comunican unas células con otras? ¿Lo hacen las plantas entre sí? ¿Cómo se transmite de generación en generación? ¿Cómo la usan los animales para engañar a depredadores o competidores? ¿y para atraer pareja? ¿Cómo se informa nuestro cerebro de lo que pasa en el cuerpo? ¿Cómo se comunican las neuronas? En fin, quien no participe no será porque no sepa de qué escribir. Zoología, genética, botánica, ecología, fisiología... todo vale. El pilar central y unificador es la información. Y a quien aún así no se le ocurra nada, tranquilidad: no deja de ser una propuesta.

Para inspiraros, aquí podéis ver las ediciones anteriores (como estoy un poco perro hago copy-paste de la anterior edición):



Y ahora, las reglas de participación:

1. Participación libre, bien a través de un blog propio o como autor invitado en el blog de un amigo, familiar, etc. o pidiéndoselo al anfitrión de turno del carnaval.

2. Cada mes el blog anfitrión anunciará el inicio del carnaval indicando la fecha de comienzo (se recomienda que sea la misma que la del anuncio y en la segunda semana del mes) y la fecha de fin del mismo (preferiblemente a finales de cada mes).

3. La temática será libre pudiendo ser de cualquiera de los muchos campos dentro de la biología: evolución, botánica, zoología, microbiología, bioquímica, genética, etc. Sin embargo, el anfitrión puede proponer un tema concreto sobre el que los participantes pueden escribir, dibujar, cantar, o lo que tengan pensado.

4. Cada entrada (post) publicado deberá indicar que participa en la n-Edición del Carnaval de Biología citando y enlazando al blog organizador. Tenéis dos posibles formas de avisar, directamente al blog anfitrión o al twitter del carnaval @biocarnaval.

5. Cada organizador puede ir mejorando e innovando con nuevas propuestas y apuestas. Todo debe funcionar solo.

Siguiendo la dinámica de las anteriores ediciones, iré actualizando este post con enlaces a los artículos participantes, y al final publicaré uno nuevo con todos ellos bien colocaditos. Avisadme de vuestra participación informándome a través de uno de los siguientes canales:

A) Este blog, dejando un comentario aquí mismo, como se indicaba en la regla 4. Si no lo hacéis nadie matará gatitos, pero si lo hacéis alguno resucitará.

B) La archiconocida red social del pajarito azul Twitter, dirigiéndoos a @Diplotaxis , a quien además podéis followear si queréis molar más.

C) Enviando un mensaje de correo redactado con buena ortografía y mejor gramática a biogerardo(arroba)gmail.com



He aquí una propuesta para que podáis indicar vuestra participación, nada original, por otra parte:

“Esta entrada participa en la XI edición del Carnaval de Biología, organizado por el blog Ciencia y alguna otra cosa”


incluyendo un enlace a este post, claro está.

El plazo se abre mañana, día 7 de Marzo y termina el 3 del próximo mes, ambos días incluidos. Así que ¡arreando que es gerundio!



****LISTA DE PARTICIPACIONES****

jueves, 8 de septiembre de 2011

Dendrocronología

Empezaré este post con una definición:

Dendroecología
: rama de la biología que estudia la ecología de los árboles, es decir, cómo interaccionan con el ecosistema en el que se encuentran.

Un bosque es una inmensa base de datos en la que cada elemento contiene algún tipo de información que podemos extraer si sabemos cómo hacerlo. Los troncos de los árboles, concretamente, guardan una gran cantidad de datos acerca de la historia del árbol y del entorno que le afecta, y gracias a que la madera es un material que se descompone lentamente, sobre todo cuando el árbol vive y tiene mecanismos de defensa, un tronco puede proporcionar información de muchos años atrás. Pero, por supuesto, esa información está codificada, y hay que saber descodificarla. Ahí entra en juego la dendrocronología.

Dendrocronología: disciplina que lleva a cabo el análisis y datación de los anillos de los árboles. Tiene aplicaciones en diversos campos, desde la arqueología o la criminología hasta la climatología. Pasando, por supuesto, por la dendroecología.


Compañero dendroecólogo contemplando la enorme base de datos que recubre el macizo del Montseny, en Cataluña. En este caso su única finalidad es el disfrute de las cualidades estéticas del paisaje, para lo cual los científicos también están capacitados.


Cuando empecé mi máster sabía que quería hacer un proyecto relacionado con la ecología terrestre. O quizás que tocase de algún modo la interacción entre ecosistemas terrestres y acuáticos. Lo que no pensaba es que acabaría metido en el mundo de la dendroecología. Y menos aún contado anillitos.

Algunos me preguntan, a veces no estoy seguro de si en serio o en broma, si talamos los árboles para poder observar los anillos. Creo que en serio, por el tono y la expresión con que lo hacen. Pese a lo que puede leerse al final de mi anterior artículo, los ecólogos no van por ahí talando árboles alegremente. Aquello era ironía, lo aclaro por si alguien lo dudaba. Para observar los anillos de los árboles se realizan extracciones de testigos (también llamados con frecuencia cores, su denominación en Inglés).


Descarga de un archivo mediante el uso de una barrena de Pressler sobre un abeto. Se hace rotar para que penetre en el tronco, como si de un sacacorchos hueco se tratase. La herida tendrá pocas consecuencias para el árbol, que a buen seguro en peores lances se habrá visto.























Los testigos se extraen del tronco del árbol con un tipo de barrena hueca denominada barrena de Pressler. Al ir penetrando el tubo en el tronco del árbol, una muestra de madera queda dentro de éste. El testigo se extrae y se deja secar unos días. A continuación se pega con cola sobre un soporte de madera y se pule con lija, para que la superficie quede lisa y los anillos puedan apreciarse con nitidez.



Dos testigos de madera montados sobre guías y pulidos, con su correspondiente código de identificación. El de la izquierda es de madera de abeto; sus anillos son más claros y definidos que los del de la derecha, perteneciente a haya.


Una vez preparados, se analizan utilizando potentes lupas. Lo primero es datarlos, es decir, establecer a qué año corresponde cada anillo. Puesto que la gran mayoría de árboles formadores de anillos fabrican uno anualmente, de dentro hacia afuera, en principio la datación consiste en asumir que el anillo más externo, el que está tras la corteza del árbol, es el del último año, y luego ir contando hacia el centro. Cinco anillos, cinco años atrás, diez anillos, una década, cien anillos, y estaremos palpando madera de un siglo de antigüedad.

Esto a primera vista parece sencillo, pero a veces los anillos no son del todo claros y los límites no se distinguen bien; en ocasiones parece haber dos donde sólo hay uno, o puede haberlos ausentes. Estos problemas se solventan comparando los testigos de diferentes árboles entre sí, buscando cuadrar los llamados “anillos característicos”, y que servirán de referencia: aquellos visiblemente más estrechos o anchos que los contiguos, y que suelen coincidir en la mayoría de árboles porque el año al que corresponden ocurrió algún evento que afectó al crecimiento de todos ellos, por ejemplo una fuerte sequía. Es un trabajo tedioso, digno de aparecer en los pasatiempos del periódico. Pero si se hace bien, el resultado final produce la satisfacción que se siente cuando las cosas salen como tienen que salir.

Testigo bajo una lupa, dispuesto para ser datado. Aunque aquí no aparece, el café es de vital importancia en esta fase de la investigación, tanto como cualquier otro de los elementos de la fotografía. La imagen fue tomada en el laboratorio de dendroecologia del departamento de Ecologia de la UB.


Una vez datados los testigos, la anchura exacta de los anillos puede ser determinada utilizando una mesa de medición: una plataforma que puede desplazarse sobre un carril, indicando a un ordenador conectado a ella la longitud del desplazamiento. El testigo se coloca sobre la plataforma, y con una lupa se enfoca el inicio de un anillo, luego se desplaza la plataforma (y por tanto el testigo que está sobre él) hasta que vemos en el centro del ocular el final del anillo, quedando su grosor registrado en el ordenador. Actualmente también pueden usarse imágenes de scaner y hacer las medidas sobre estas con programas informáticos, aunque cuando hay dudas siempre es mejor la lupa, por su mayor nitidez y porque permite manipular la madera.


Mesa de medición. En la pantalla del ordenador se aprecia la representación gráfica de las anchuras de los anillos de diferentes testigos. En esta fase el café no es tan crucial como en la anterior, pero su importancia sigue siendo destacable. La imagen fue tomada en el laboratorio de dendroecologia del departamento de Ecologia de la UB.


Sabiendo la anchura de los anillos podemos determinar el ritmo de crecimiento de los árboles y sacar conclusiones de diferente índole con este conocimiento. En algunos estudios además de medir la anchura se realizan análisis químicos de los anillos. Eso ya depende de lo que se desee investigar.

Evidentemente, es mucho mejor disponer de una sección completa de tronco, pues proporciona mucha más información. Puede que en un lado del tronco, por ejemplo, haya cicatrices debidas al fuego, o las marcas características de una infección, pero no las observaremos si extraemos el testigo desde el otro lado. Sin embargo, como comentaba antes, raramente se talan troncos expresamente para analizarlos, y lo más normal es obtener los discos de árboles ya muertos, que han caído o han sido talados por otros motivos.





Este post es mi participación en la sección de fotografía del Primer Biocarnaval de Verano. Las participaciones de otros autores pueden verse en el blog Micro Gaia de @Raven_neo

martes, 30 de agosto de 2011

Adaptaciones de las plantas al verano mediterráneo

Estamos en verano, y muchos aprovechan las vacaciones y el buen tiempo para ir al campo y a la montaña, y estar en contacto con lo que todavía queda de naturaleza. Algunos simplemente pasearán y disfrutarán del paisaje. Otros mirarán más a fondo su entorno, se fijarán y se harán preguntas. Quizás algunos de vosotros seáis de esos. Si es así, ¿os habéis planteado por qué las plantas son como son? ¿Cómo se las apañan para vivir donde lo hacen? En tal caso, quizás os interese seguir leyendo. Si no, puede que también. Haré algunos apuntes acerca del caso de las plantas mediterráneas.

Son dos los factores principales que condicionan la vegetación que podemos encontrar en un lugar: la composición y estructura del suelo, y el clima. En cuanto al suelo, es un factor que actúa en una escala espacial pequeña: podemos pasearnos ahora por un roquedo seco y con apenas unas cuantas grietas para que las plantas arraiguen, y tras recorrer medio kilómetro encontrarnos sobre el suelo húmedo, profundo y fértil que rodea a una charca. El clima, sin embargo, actúa sobre grandes escalas espaciales. Grandes extensiones de territorio presentan un mismo clima, con variaciones y excepciones locales que dependen de accidentes geográficos concretos (como la presencia de montañas). Por ejemplo, el clima mediterráneo afecta a toda la cuenca mediterránea, al igual que a buena parte de California, a Suráfrica, parte de Chile y una región de Australia.

La caracteristica del clima mediterráneo que lo diferencia de cualquier otro clima es que presenta un periodo de aridez estival que contrasta con la presencia de lluvias durante el resto de las estaciones, en especial en primavera y otoño. Existen climas, como el desértico, en los que la aridez es una constante, en otros en cambio llueve todo el año. Algunos presentan estaciones secas y húmedas, pero las temperaturas son siempre altas, por lo que no se puede hablar de un periodo estival.

Diagrama ombrotérmico característico de un clima mediterráneo. El mes de verano, cuando las temperaturas son altas, coincide con escasez de precipitaciones, y ocurre lo contrario al llegar el frío, que en cualquier caso es relativamente suave. Este diagrama corresponde al Puig de Sta. Magdalena, en Inca (Mallorca).

La vida prospera mejor cuando las temperaturas son altas. Una mayor temperatura favorece las reacciones químicas, y un ser vivo funciona a base de estas. Con el frío, el metabolismo desciende y todo en el organismo funciona más lento. Las bacterias se replican más rápidamente a mayor temperatura. Los reptiles necesitan calentarse al sol para estar más activos, y uno de los grandes éxitos de mamíferos y aves es poder mantener su cuerpo siempre caliente. De igual modo, las plantas también crecen mejor cuando el Sol calienta.

Igualmente, la vida necesita del agua líquida para subsistir. El agua es un componente esencial de cualquier ser vivo. De hecho, las mismas reacciones químicas que se ven favorecidas por la temperatura tienen lugar en una disolución acuosa que llena las células. Las plantas, además, necesitan del agua para conseguir nutrientes, pues entran disueltos en esta a través de las raíces. Dos de los ecosistemas más biodiversos y dinámicos de la Tierra, las selvas tropicales y el gran arrecife de coral, no sólo son cálidos, sino que también disponen de abundante agua.

El clima mediterráneo es un clima que presenta dificultades para las plantas. En la época de calor, el verano, escasea el agua, mientras que al llegar las lluvias la temperatura desciende. Cuando se tiene lo uno, falta lo otro. En todo caso, los inviernos mediterráneos no son muy rudos, y menos aún las primaveras y los otoños, así que son periodos que no suelen resultarles especialmente problemáticos, al menos no en comparación con los inviernos de otros climas. El auténtico desafío para las plantas mediterráneas está en sobrevivir al verano. Para esto, la evolución las ha dotado de mecanismos de diferente índole. A continuación comentaré algunos:

Un paisaje mediterráneo típico.  En primer lugar se observan algunos olivos pequeños. Arriba a la izquierda, en primer plano, podemos ver que tienen hojas bastante pequeñas. Tras el camino crecen algunas encinas, y al fondo observamos un bosque de pinos, otra planta con hojas adaptadas a la sequía. La foto se tomó en Biniamar (Mallorca).

Las hojas de las plantas tienen una cara superior, el haz, y una cara inferior, en envés. En esta última encontramos los estomas, pequeños poros invisibles a simple vista por los que la planta toma aire y por los que pierde agua por transpiración. Como es natural, en un ambiente árido le interesará perder la menor cantidad de agua posible. Cerrar los estomas parece la solución, pero no basta. Las hojas de muchas plantas mediterráneas, como la encina o el olivo, tienen cutículas gruesas e impermeables, lo que ofrece una protección adicional. El problema es que estas hojas son caras, y son más pequeñas. Si no falta el agua, una planta con hojas más anchas y finas tendrá ventaja, por eso este diseño no lo encontramos en todos los ambientes.

Otra adaptación consiste en dificultar el movimiento del aire alrededor de los estomas. La hoja transfiere agua al aire que está en contacto con ella, pero sólo hasta que ese aire llegue a un punto de saturación. Si el aire se mueve, por ejemplo debido al viento, se irá renovando y no llegará a saturarse, por lo que la hoja seguirá transpirando. La evolución ha dotado a algunas plantas de estructuras para evitar este inconveniente. Así, podemos encontrar plantas como la jara blanca cuyas hojas están cubiertas de pelitos que impiden el movimiento del aire sobre la superficie de la hoja, o el romero, que las tiene curvadas sobre sí mismas, de modo que el envés queda como en una ranura en la que el aire permanece bastante quieto.

Flor y hojas de romero (Rosmarinus officinalis). Puede observarse como están curvadas, de modo que el envés queda menos expuesto. El color blanco que tiene este se debe a que además también tiene pelos, igual que la jara blanca (Cistus albidus). La fotografía se ha tomado del Herbari Virtual del Mediterrani Occidental.

Estos pelitos, además, al ser de color blanco reflejan la luz. De este modo ofrecen a las hojas una protección adicional contra un exceso de radiación, que podría llevar a un sobrecalentamiento de la hoja y a fallos en su funcionamiento. Cuando la temperatura de una hoja sube por encima de determinado umbral, abre sus estomas al máximo, por lo que empieza a transpirar. Es algo equivalente a nuestro sudor: las moléculas, para "saltar" de la superfície de nuestro cuerpo al aire, absorben algo de energía, disminuyendo nuestra temperatura. Precisamente por esto refrescan los ventiladores: hacen que el aire se mueva sobre nuestra piel para que el agua se evapore más fácilmente de ella. Sin embargo, una planta en situación de escasez de agua sólo recurre a esto en casos críticos, puesto que no puede permitirse derrochar lo más mínimo.

Precisamente, en casos extremos de crisis existe la opción de hacer recortes en los presupuestos para reducir gastos. Así, algunas plantas pueden perder en verano gran parte de las hojas y ralentizar mucho su crecimiento. De ese modo consumirá mucho menos, y podrá superar la escasez apretándose el cinturón.

Las anteriores adaptaciones son útiles para resistir en condiciones de escasez de agua. Pero existe la alternativa de evitarlas. ¿Cómo puede hacer tal cosa una planta, que no puede moverse para buscar un lugar mejor? Algunas plantas tienen una vida corta pero intensa. Nacen en primavera, crecen rápidamente, y mueren en verano, dejando muchas semillas que repetirán el ciclo el año siguiente. De ese modo, no sólo han de preocuparse por resistir el periodo estival, sino que también evitan el invierno. De estas plantas se dice que son anuales, y ejemplos de ellas son la mayoría de las gramíneas, como el trigo, la avena o la cebada. Otras plantas hacen algo similar, sólo que al llegar los tiempos difíciles no mueren: una parte de ellas, una raíz o un bulbo con reservas, queda bajo el suelo en estado latente, esperando a que vuelvan las condiciones adecuadas para reanudar la actividad.


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Este artículo es mi primera contribución a un carnaval de biología, concretamente a la segunda parte de la Primera Edición de Biocarnaval de Verano, que alberga @DrLitos en su blog ¡Jindetrés, sal!, en el cual podréis ver el resto de participaciones. Los que no hayáis podido coger la mochila para salir al monte a ver plantas, no podréis decir que no se os ofrece la oportunidad de disfrutar de la biología.