A lo largo de los siglos las diferentes culturas humanas han ido acumulando una serie de saberes que les han permitido sobrevivir e incluso desarrollarse. Un buen ejemplo lo encontramos en todos los conocimientos agrícolas que los campesinos poseían antaño, basados en observaciones concretas y transmitidos de padres a hijos. Así, aunque sus conocimientos no tuvieran carácter "técnico", eran lo bastante buenos para hacer brotar cultivos de la tierra o sacar aceptables productos del ganado.
En la actualidad, en las sociedades modernas los conocimientos científicos han substituido a los tradicionales, y los ingenieros agrónomos idean nuevas formas o planifican cultivos no en base a las enseñanzas heredadas de sus abuelos labriegos, sino fundamentadas en los avances de la Ciencia. Por supuesto, con frecuencia hallamos que esta nueva forma de hacer agricultura no es necesariamente la mejor posible, pues habitualmente los objetivos perseguidos no tienen en cuenta aspectos problemáticos como la sostenibilidad (algo que, por otro lado, también puede ser abordado desde la Ciencia). Como reacción a esto, se hace cada vez más frecuente por parte de algunos sectores la reivindicación de "los saberes tradicionales" como una alternativa. La realidad es que, si bien es cierto que este tipo de conocimientos es el que ha sostenido a la humanidad durante miles de años, podemos decir que los carga el diablo.
Leyendo la obra "España 1808 1939" del reconocido historiador Raymond Carr, me encontré ayer con un ejemplo de estos "conocimientos tradicionales" con los que conviene ir con cuidado:
«El odio del campesino [español] hacia los árboles es una de las características más curiosas y fidedignamente señaladas de la vida en el campo, con excepción del norte de España: los árboles albergaban a los gorriones, hacían disminuir el trigo y "agotaban" la tierra.»
Para contextualizar la cita, hay que añadir que, en el periodo del que habla el autor, la cobertura forestal española estaba devastada, en gran parte (aunque no exclusivamente) a causa de una agricultura extensiva y poco productiva.
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| "La Era, o El Verano", bonito cuadro de Goya, para adonar el post. |
A buen seguro, del saber tradicional se pueden rescatar conocimientos prácticos que pueden resultar de mucha utilidad, pero veo muy poco conveniente idealizar este modo de comprender el entorno que nos rodea como si fuera la solución a algo, cuando realmente la tradición puede perpetuar durante generaciones errores de bulto como el que se ilustraba unas líneas antes. Al fin, resulta ser el método científico el que nos ofrece las mayores posibilidades de desechar fallos y obtener conocimientos certeros.



