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jueves, 30 de enero de 2014

Sopa de plástico, una problemática global

Hoy he visto el reportaje "Sopa de plástico, 1ª parte" emitido en el programa El escarabajo verde (al final del post podéis ver el vídeo). Explica la problemática de la contaminación marina por plásticos desde la situación que se vive en Lanzarote, si bien se cuida de aclarar que se trata de un problema global. Para profundizar en la cuestión se puede leer el informe Plastic Debris in the Ocean de la UNEP (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente). Un par de gráficos reveladores que pueden verse en este documento:


Producción mundial de plásticos desde el año cincuenta; actualmente cerca de una cuarta parte en Europa. Es notable como coinciden una caída durante una de las crisis del petróleo de los años 70 y otra durante la actual crisis financiera. Algo bueno tendrían que tener. Algunas clases de plásticos no aparecen representadas en el gráfico.
http://www.unep.org/yearbook/2011/pdfs/plastic_debris_in_the_ocean.pdf


La distribución estimada de la basura en el océano. Se observa que coincide con los llamados "cinco giros". Un giro oceánico es un sistema de corrientes cerrado, como un círculo (evidentemente no es una forma circular, sino más bien irregular, pero creo que se entiende la idea). Hay muchos más, pero los cinco que se mencionan en el pié de la imagen son los más grandes, y parece ser que actúan como una trampa que captura la basura y la acumula. Podemos ver como uno de los grandes giros queda bastante cerca de las Islas Canarias, donde el programa El escarabajo verde realizó su reportaje.
http://www.unep.org/yearbook/2011/pdfs/plastic_debris_in_the_ocean.pdf

Y aquí tenéis el programa. Esta es la primera parte, en teoría habrán de emitir una segunda que mientras escribo estas líneas todavía no está disponible, pero seguro que sabréis encontrarla sin mi ayuda cuando llegue el momento.

miércoles, 21 de agosto de 2013

¿Podemos diseñar una sociedad sostenible?

Los que sigáis el blog de Hablando de Ciencia conoceréis la sección "Pregunta a HdC", donde los redactores tratamos de contestar las preguntas de nuestros lectores. Os dejo aquí mi respuesta a una de ellas. 

¿Podemos diseñar una sociedad realmente sostenible? 

Más nos vale, porque lo contrario, una sociedad no sostenible, por definición está destinada a colapsar tarde o temprano. Es totalmente imprescindible para la perdurabilidad de nuestra especie encontrar un modelo social que sea sostenible, esto es, que no termine por agotar los recursos naturales de los que dependen nuestras vidas. Esto sólo se puede conseguir logrando que la explotación de estos sea lo bastante baja como para permitir su renovación a medida que los consumimos. Un ejemplo de explotación sostenible sería el caso de un bosque del que extraemos madera y otros recursos, pero nunca a un ritmo mayor del que necesita el bosque para regenerarse. Para lograr una sociedad sostenible, esta forma de hacer las cosas debería extenderse a todos los ámbitos de la economía. 

La sobrepesca puede conllevar un agotamiento definitivo de las especies de peces que usamos para alimentarnos.


La consecución de la sostenibilidad requeriría de una sociedad como la nuestra cambios en muchos aspectos. El crecimiento económico, en los términos en los que se produce en la actualidad, va aparejado a un creciente consumo de recursos naturales, lo cual es necesariamente insostenible por ser unos no renovables, y otros renovables pero limitados. Para alcanzar la sostenibilidad, las sociedades deberán cesar el incremento del consumo material. Dado que este parece ser considerado el camino a seguir en la actualidad por la mayoría de poderes políticos y económicos, lamentablemente parece muy difícil esperar que en el corto plazo se produzca un cambio de mentalidad generalizado. 

En cuanto al imprescindible freno del crecimiento poblacional, existen únicamente dos mecanismos: aumentar la tasa de mortalidad o disminuir la tasa de natalidad. Por supuesto, el primero es indeseable; de hecho la medicina lucha precisamente por alargar la esperanza de vida y así debe seguir. No queda pues otra opción que la segunda, la reducción de natalidad. Alguien podría temer que esto sólo pueda ser logrado mediante la adopción de medidas autoritarias y represivas, sin embargo la realidad es que se ha observado que cuando una sociedad alcanza cierto grado de bienestar la natalidad suele caer sin necesidad de leyes excepcionales. Que esto ocurra estará condicionado a una serie de circunstancias, como que los niños deban ser obligatoriamente escolarizados y ya no pueden ser usados como mano de obra, la mujer logre ciertos niveles de emancipación, y las familias tengan acceso a métodos anticonceptivos que les permiten llevar a cabo una planificación familiar. En definitiva, la sostenibilidad requiere no sólo de una mejor administración de los recursos naturales, sino también conlleva la necesidad de erradicar la pobreza y disminuir las desigualdades. 



La población mundial crece a destajo y la mayor tasa de crecimiento demográfico se observa en los países pobres.


Este necesario cese del crecimiento que podríamos llamar “material” no implica el fin del desarrollo humano. Puede ir acompañado (de hecho probablemente sea necesario) de un nuevo modelo de desarrollo “del conocimiento”. Aunque no consumamos más energía, agua o territorio, sí podemos seguir incrementando nuestro conocimiento científico, mejorando nuestra tecnología y enriqueciendo nuestro acervo cultural. 

En definitiva, alcanzar la sostenibilidad requiere de la combinación de dos tipos de soluciones: técnicas, por un lado, donde la Ciencia nos proporcionará el conocimiento y la tecnología necesarios para explotar los recursos del planeta de un modo sostenible; y políticas por otro lado, que pongan fin al modelo de crecimiento económico imperante hoy en día y que se ocupen del fin definitivo de la pobreza. Sin duda no es algo imposible, pero al ser algo que requiere de un cambio de mentalidad global ciertamente resulta complicado; sin embargo, en última instancia, que lo consigamos será una cuestión de voluntad.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Sobre el debate de transgénicos en Cuarto Milenio y la falacia "del modelo agrícola".

No soy amante de los programas de misterio; de hecho nunca he visto uno entero. Sin embargo, por curiosidad, el otro día me atreví a ver un pequeño fragmento de Cuarto Milenio, ante el revuelo que se había organizado en torno a él en mi timeline de twitter. Realmente tampoco se trataba de algo particularmente misterioso: ni OVNIS, ni fantasmas, ni cacofonías, ni apariciones marianas, ni chupacabras: era el debate sobre transgénicos en el que participaban José Miguel Mulet y José Antonio López como sus defensores y Luis Miguel Dominguez y Santiago Camacho como detractores.

No voy a entrar a valorar la calidad del debate. Simplemente diré que la moderación y edición me pareció algo tendenciosa, favoreciendo a los antitransgénicos. El propio Mulet lo comenta en su blog, donde podéis encontrar un enlace al vídeo. Más allá de esto, no hablaré del tema. Escribo este post porque me apetece comentar una confusión que veo habitualmente en los ataques contra los transgénicos, y que Luis Miguel convirtió en uno de sus argumentos principales. Debo decir que hasta donde conozco a este naturalista, que reconozco que tampoco es mucho, tiene mis simpatías y puede tenerme a su lado en nuestro común sentimiento de la necesidad de defender el Medio Ambiente, reclamar una sociedad sostenible o la protección del lobo ibérico; pero no puedo por ello dejar de criticar al menos una de las diversas falacias en las que cayó, imagino que desde la mejor intención. No pretendo otra cosa que hacer una crítica constructiva.

Antes de proseguir, el pequeño inciso de rigor para explicar qué es un transgénico, para aquellos lectores que no lo sepan. Resulta que lo más esencial que tenemos en común los seres vivos de este planeta es el código genético. La timina, guanina, citosina, y adenina son moléculas que encontramos en grandes cantidades en el interior de una célula, de un tipo que llamamos "bases nitrogenadas". Sin embargo, no las hallamos dispersas, sino unidas entre sí como eslabones que forman larguísimas cadenas... las cadenas de ADN. Además, no se distribuyen en esa cadena de forma aleatoria. Cada una de ellas puede compararse con la letra de un texto en el que están escritas las instrucciones para crear un ser vivo y hacerlo funcionar. Cada una de esas "instrucciones" es una secuencia a la que llamamos "gen", y será diferente según el modo en el que se distribuyan las bases nitrogenadas. La célula dispone de mecanismos que le permiten leer esas instrucciones y ejecutarlas. 
Las cuatro bases nitrogenadas del ADN y cómo se combinan formando cadenas de ADN.


No obstante, como es natural, las instrucciones no son las mismas para todos los organismos; de lo contrario seríamos todos iguales. La evolución se produce gracias a que al formarse nuevos seres vivos se producen alteraciones en el código genético y aparecen nuevas instrucciones que se añaden a las antiguas o las substituyen. Ahora, imaginad que nosotros pudiéramos copiar una instrucción determinada del código de un ser vivo y trasplantarla al código de otro, para otorgarle una nueva característica. Por ejemplo, la que nos permite a los humanos fabricar insulina a una bacteria, para que la fabrique ella. Esta bacteria sería un organismo genéticamente modificado (OGM) o transgénico. En realidad, un transgénico no deja de ser más que un organismo como cualquier otro, pero con una pequeña modificación que no presentaban sus progenitores y que cambia alguna de sus cualidades. 

Ratón transgénico al que se le ha añadido un gen de medusa que codifica una proteína fluorescente.


Y ahora volvamos al debate de Cuarto Milenio y a la confusión de Luis Miguel Domínguez.

La cuestión es que desde el primer momento el buen hombre empezó incidiendo en los problemas medioambientales que está provocando el cultivo de soja transgénica en Brasil. Personalmente no conozco en detalle los casos de ese país u otros similares, así que no entraré a enjuiciarlos, pero no cabe duda de que el modelo agrícola actual es algo insostenible. En los medios se habla poco de la tremenda degradación y pérdida de fertilidad que están sufriendo progresivamente los suelos, y es cierto que los "mares verdes" agrícolas son un misil dirigido a la línea de flotación de la biodiversidad de los territorios, además de que la predominancia del uso de unas pocas variedades también ha supuesto una pérdida en la diversidad de las especies domésticas (en este punto debo mostrarme en desacuerdo con Mulet, que defiende que estos organismos no forman parte de la biodiversidad, pero eso lo dejo para otra ocasión). Además, la agricultura moderna tiene un gran requerimiento de insumos*, entre los cuales se encuentra el uso de pesticidas contaminantes o inmensas cantidades de combustibles fósiles. En cierto modo, nuestros sistemas agrícolas se alimentan de petróleo, y eso nos permite mantener una producción "acelerada", pero es algo que no podrá durar siempre. Luego están los aspectos económicos y sociales: no seré yo quien ponga en duda que la riqueza no está bien repartida, un aspecto al que se debe hallar solución. Y por supuesto, es una locura el consumo de productos provenientes del otro lado del mundo que podemos comprar en el mercado local. No por una cuestión chauvinista: simplemente, de nuevo, el transporte de largas distancias conlleva un consumo energético desmesurado. Desde luego el comercio es positivo para las relaciones entre países, pero hay cosas que entran en el terreno de lo absurdo. 

Pero ojo. A estos efectos, tanto da que en Brasil cultiven "mares de soja transgénica" como que cultiven "mares de melones de Villaconejos". Los problemas ambientales y sociales derivados iban a ser poco más o menos los mismos. Una cosa es la práctica agrícola, el cómo se cultiva, las técnicas que se usan; y otra la semilla que se utiliza. Puede ser un aspecto relevante el que escoja o no cultivar una planta poco adaptada a las condiciones ambientales (y que por tanto necesitará más insumos), pero es indiferente que escoja entre un transgénico o un no transgénico. El hecho de que una variedad de cultivo se haya desarrollado con ingeniería genética no va ligado a la cuestión de que se cultive siguiendo un procedimiento u otro. De hecho, el actual modelo agrícola, iniciado durante la llamada Revolución verde en los años cincuenta (y que por otro lado permitió multiplicar la producción de alimentos y procurarnos un mayor abastecimiento, no todo va a ser negativo, lo cortés no quita lo valiente) se creó mucho antes de que apareciera el primer transgénico, lo cual ocurrió en el año 72 cuando Herbert Boyer y Stanley Cohen insertaron genes de un sapo africano en una bacteria con fines experimentales. 

Norman Ernest Borlaug, ingeniero agrónomo estadounidense y precursor de la Revolución verde.

Creo que existe una gran confusión respecto de este tema. Mucha gente ataca los transgénicos con el argumento falaz que podríamos denominar "del modelo agrícola", pero es que son cuestiones diferentes. Los transgénicos no son culpables de los problemas que enumeré anteriormente. Es más, somos capaces de diseñar variedades que nos permitan mejorar el nivel de sostenibilidad, por ejemplo produciendo la misma cantidad de cultivo utilizando menos agua, lo cual sin duda sería de gran utilidad en climas como el mediterráneo. Este es un ejemplo de una línea de investigación real que existe en organismos públicos. Creo que un ecologista que ataca la tecnología de la transgénesis lanza piedras sobre su propio tejado. Si detectamos problemas en el modo de hacer agricultura, en la legislación que pueda permitir prácticas de dudosa ética, en el reparto de la tierra y en otras mil cuestiones, se debe actuar en esos frentes. Pero la lucha contra los transgénicos es la lucha equivocada.


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*Insumo: un insumo es un recurso que se utiliza en la producción de algún bien. En el caso de la agricultura, los abonos, el agua de riego, los pesticidas, la maquinaría agrícola o el combustible para moverla serían ejemplos de insumos.


domingo, 22 de enero de 2012

La necesidad del Patrimonio Natural

Hace un tiempo, durante un rato libre, me encontré con que la abogada ambientalista Cristina Álvarez Baquerizo concluía con la siguiente cita la redacción del acta de su exposición en el I Congreso Técnico de Conservación de Fauna y Flora Silvestres, celebrado en Formentor en Octubre del 2006:

El Patrimonio Histórico Español es una riqueza colectiva que contiene las expresiones más dignas de aprecio en la aportación histórica de los españoles a la cultura universal. Su valor lo proporciona la estima que, como elemento de identidad cultural, merece a la sensibilidad de los ciudadanos. Porque los bienes que lo integran se han convertido en patrimoniales debido exclusivamente a la acción social que cumplen, directamente derivada del aprecio con que los mismos ciudadanos los han ido revalorizando.

Se trata de un fragmento extraído del preámbulo de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, y era utilizado por la señora Álvarez para expresar su deseo de que algún día pudiera decirse algo parecido sobre el Patrimonio Natural, al que hace referencia la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad. Tras leer tales cosas, me alegré de saber que no estoy solo en mi opinión al respecto de este tema. Sin embargo, el que una abogada ambientalista tenga tales ideas, si bien es buena cosa, no es precisamente motivo para lanzar cohetes al cielo. La cuestión realmente importante es ¿cuán arraigado está en la sociedad española el concepto de Patrimonio Natural? La educación obligatoria, los actos culturales y los medios de comunicación mediante editoriales, columnas de opinión y reportajes, desde siempre han venido haciendo énfasis en el gran valor de nuestro Patrimonio Histórico. Las más excelsas obras pictóricas, la literatura más genial, los vestigios arquitectónicos testigos de nuestra rica Historia, etcétera, etcétera, son motivos de orgullo de muchos de los españoles que poseen unos niveles culturales medianamente aceptables. Todo eso está muy bien, pero lo que quisiera yo saber es cuántos ciudadanos de este país son capaces de apreciar en el mismo grado el valor de una especie biológica o de un ecosistema, no ya por los servicios que pueden proporcionarnos, sino por el valor intrínseco que se les puede otorgar, igual que puede otorgársele a un Dalí, a los retablos de una catedral o a la catedral misma, a un dolmen o a una vasija de barro del Neolítico. Según mi percepción, no representan un alto porcentaje, y de entre los que hasta cierto punto pueden sentir algo similar, lo hacen mayoritariamente hacia especies emblemáticas como el lince ibérico o el águila imperial, y hacia esplendorosos ecosistemas como grandes bosques, sin reparar por lo general en las humildes hierbas y en los pedregales entre los que viven muchas de ellas.


Una cabaña de carbonero delante de una plataforma de piedra y tierra, antiguamente utilizada en la elaboración de carbón vegetal (sobre ella se apilaba leña y se sometía a combustión incompleta). Ambas construcciones están en un encinar de la finca de Ses Fonts Ufanes, en Mallorca. ¿Qué tiene más valor, el elemento histórico o el elemento natural?

Ciertamente, que la gente aprecie el valor que posee un cardo por el mero hecho de existir puede que sea demasiado pedir, pero en cualquier caso estamos lejos del nivel de concienciación que poseen al respecto de estas materias las sociedades de otros países europeos. No es de extrañar que una gran mayoría de visitantes de la Albufera de Mallorca sean alemanes y británicos armados con telescopios para observar las aves migrantes que cada año pasan una temporada en el lugar. En ocasiones como esta siento envidia (española) de esos perros ingleses, hijos de la pérfida Albión.



¿Se parecen? Mientras que el amigo Félix fue una excepción, Sir Attenborough es uno de muchos más. Está claro que España tiene algunas deficiencias.


La gracia del asunto, suponiendo que tenga alguna gracia, es que España es precisamente el país de la Unión Europea con una mayor biodiversidad, tanto en cuestión de especies como de hábitats. No se puede decir que nuestro Patrimonio Natural sea más valioso que el de nuestros socios comunitarios, pero sí más rico. La posición geográfica de España, al sur de Europa y al norte de África ha causado que fuera refugio de muchas especies cuando las glaciaciones cubrieron de blanco la mayor parte del Viejo Continente; al retirarse los hielos la vida tuvo que volver a empezar de cero más al norte, mientras que aquí, aunque muchas de las especies presentes emigraron o se extinguieron para dejar paso a otras, las hubo que sobrevivieron en reductos o evolucionaron, y todo esto fue motivo de enriquecimiento de la diversidad. Por otro lado, el complejo relieve de nuestra geografía y la variedad climática potencian la diversidad de hábitats, y el aislamiento del resto del continente gracias a los Pirineos junto con la presencia de dos archipiélagos en lugares tan dispares como el Mediterráneo Occidental y la Macaronesia causan que muchas especies hayan quedado aisladas convirtiéndose en endemismos (especies que sólo se encuentran en un territorio relativamente reducido y en ningún otro lugar del mundo), siendo así el número de estos más elevado que el de varios de los grandes países europeos juntos. También la tardanza del país en desarrollar una industria e infraestructuras medianamente equiparables a las de otros estados desarrollados, así como la baja densidad poblacional en los territorios rurales, han supuesto factores que han redundado en una mejor conservación (totalmente involuntaria, por supuesto) de nuestros parajes naturales. No obstante, a cualquiera que tenga ojos y quiera ver no se le escapará que no merecemos ninguna medalla. Está claro que nuestra biodiversidad está en peligro, tanto a consecuencia del desarrollo no sostenible de nuestra sociedad como por los efectos difíciles de predecir que está teniendo el cambio climático sobre los ecosistemas, tanto naturales como agrícolas.


Prado de la finca de Son Bosc (Mallorca). Este espacio estuvo incluido en el Parque Natural de S'Albufera de Mallorca, después fue desprotegido para construirse un parque de golf en él. Actualmente el proceso ha sido detenido, aunque parte de la finca ha sido arrasada. Los prados mediterráneos son ecosistemas con una altísima biodiversidad, y en Son Bosc existen especies de gran valor desde el punto de vista de la conservación.

Sería bueno que la sociedad tomase conciencia de todo esto y que el concepto de “Patrimonio Natural” pasase a formar parte de la cosmovisión de los ciudadanos de este país como ocurre con el de “Patrimonio Histórico”. Estaría bien que se exigiese a las clases políticas mayor responsabilidad en cuanto a la conservación de la biodiversidad y del territorio, sobre todo a la vista de los muchos (demasiados) desmanes urbanísticos que hemos visto y me temo que aún habremos de ver. Y por supuesto, y con esto me permito agregar mi pequeña protesta ante la lamentable situación de la Ciencia en este país, se debería invertir en la investigación de nuestro medio natural, pues si no lo conocemos no seremos capaces ni de tomar las medidas oportunas para conservarlo ni de aprovechar los servicios que puede ofrecernos sin dañarlo y destruirlo.



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Algo de bibliografía:
-LA BIODIVERSIDAD EN ESPAÑA, Pilar Álvarez-Uria Tejero y Cristina Zamorano Chico
-EVOLUCIÓN LEGISLATIVA SOBRE LA CONSERVACIÓN DE ESPECIES. Cristina Álvarez Baquerizo. El Rumbo del Arca: actas del I congreso técnico de conservación de flora y fauna silvestres.


Este artículo es una adaptación reducida de otro publicado en el pasado por mi en generacion.net.

lunes, 10 de octubre de 2011

El bucle de la conservación

Creo que a nadie se le escapa que hay especies que atraen mucho más la atención de la sociedad y en cuya conservación, de ser necesario, se invierten más fondos y esfuerzos que en otras especies apenas conocidas. Resulta bastante intuitivo que lo que interesa a la gente es lo que recibe prioridad. Sin embargo, vale la pena preguntarse qué factores afectan a la inversión en los planes de conservación y hacer un análisis científico riguroso.

Ecosistemas, la revista de la Asociación Española de Ecología Terrestre (AEET), publica en su número de Enero de 2011 un estudio llamado «La conservación de biodiversidad en España: atención científica, construcción social e interés político». En la introducción del artículo podemos leer lo siguiente:

«La priorización de fondos para la conservación de especies depende de diferentes dimensiones asociadas indirectamente con la toma de decisiones: información científica existente, opinión pública y legislación vigente».

No es difícil ver cómo funciona la dinámica: se invierten más fondos en la conservación de especies de las cuales existe más conocimiento científico (puesto que ese conocimiento nos permite utilizar esos fondos con más eficacia) a la vez que en aquellas en las que la sociedad está más dispuesta a gastar dinero. El papel de la legislación es bastante obvio: desde ese plano se genera las leyes que establecen que una especie esté o no protegida, así como las bases legales que permitirán llevar a cabo las acciones necesarias para su conservación.

Este es el punto de partida del estudio. Con él, los autores buscaron comprobar si efectivamente en España se observa una relación entre cada una de estas tres patas del taburete del presupuesto de la conservación y la inversión que realizan las administraciones. Y en efecto, los análisis realizados sobre los datos que utilizaron establecieron que la relación existe. Pero además pudieron ver la existencia de un bucle de retroalimentación positiva, una especie de círculo vicioso, que hace que sean unas cuantas las especies que se benefician del dinero público y que otras estén dejadas de la mano de Dios.

El bucle funciona del siguiente modo, simplificando: existen algunas especies por las que existe mayor interés social, en torno a las que los investigadores centran la mayor parte de sus estudios, generando más conocimiento científico sobre ellas. A su vez, los políticos legislan principalmente en favor de esas especies, por un lado porque se sabe más de ellas, por otro porque despiertan las simpatías del pueblo, e invertirán más fondos en su conservación y también en la investigación sobre ellas. Esto será un estímulo extra para que los científicos sigan en esa línea de trabajo. Finalmente, cuando a través de noticias, reportajes, artículos de divulgación o planes de educación ambiental toda esta información llegue a la sociedad, se fomentará todavía más su interés sobre esos animales y plantas, lo que de algún modo cierra el círculo.

Bucle del que se benefician especies como el lince ibérico. El interés que despierten en la sociedad se transmitirá a los responsables de tomar las decisiones a través de la opinión pública. Éstos invertirán más tanto en su protección como en la investigación sobre ellos. A su vez, la información proporcionada por la Ciencia todavía reforzará este efecto. Los resultados de las investigaciones y de los programas de conservación se transmitirán a la sociedad a través de divulgación, medios de comunicación y educación ambiental, lo que influirá de nuevo en la opinión, volviendo a empezar el ciclo. Mientras los esfuerzos y la atención se centran en determinadas especies, otras quedan fuera del círculo y tienen dificultades para entrar. La línea discontínua es una interpretación mía que no aparece en el estudio: la comunidad científica, como parte de la propia sociedad, probablemente también manifiesta más interés por unas especies que por otras. En el estudio original puede verse un diagrama similar mucho más completo.

No todas las especies vivientes son animales y plantas. Sin embargo, la realidad es que las especies que más favorecidas se ven por este bucle pertenecen a alguno de esos dos reinos. Los autores del trabajo también hicieron un análisis de qué grupos eran los que más interés despertaban, los más estudiados y aquellos más protegidos y en cuya conservación se invierte más dinero. Si retomamos la comparación que hice unas líneas atrás con un taburete de tres patas (las patas del interés social, del científico y del político), podríamos decir que se observó cómo era el taburete para cada uno de ocho grupos: mamíferos, aves, plantas superiores, herpetofauna (reptiles y anfibios), invertebrados, peces, microorganismos y hongos. Al final se observaban cuatro grupos en los que se reunían los taburetes similares entre sí: en uno están los tres primeros (mamíferos, aves y plantas superiores), los más beneficiados por el bucle; un poco peor están la herpetofauna y los invertebrados, pero ni mucho menos tanto como los peces. Sin embargo, los taburetes de patas más endebles son los de los hongos y microorganismos. Como decía antes, ni animales, ni plantas.

Representación tridimensional del interés existente por los distintos grupos de seres vivos. El máximo interés (cuadro verde) se lo llevan los mamíferos (concretamente carnívoros y cetáceos), y en menor medida la vegetación superior y las aves acuáticas, rapaces y esteparias. Los microorganismos y los hongos aparecen como parias olvidados por todos. Algún día se vengarán destruyéndonos y descomponiéndonos. La imagen se ha tomado del artículo original.

Entre otras cosas, el estudio comenta que la existencia de una creciente preocupación social por la herpetofauna y (como puede verse en el gráfico) en menor medida por los invertebrados, ambos grupos que ya gozan de la atención de los científicos, podría ser una oportunidad para quebrar el círculo vicioso, y hacer que los fondos destinados a conservación se redistribuyan entre más beneficiarios. Lamentablemente, estamos en tiempos de crisis, y me da la impresión de que sapos, culebras y babosas (y no sólo ellos) van a tener que esperar mucho tiempo.




Artículo original, por B. Martín-López, I. Martín-Forés, J.A. González y C. Montes, publicado en revista Ecosistemas.


sábado, 10 de septiembre de 2011

Ecología urbana y urbanismo: diseñando la ciudad sostenible.

La Ecología Urbana es la rama de la Ecología que se encarga del estudio de los sistemas urbanos desde un enfoque ecológico, es decir, considerándolos un ecosistema como cualquier otro, en el que existen entradas y salidas de materiales, un consumo de energía, un metabolismo, etcétera. En definitiva, fenómenos observables en una charca, en un bosque, en un océano o en un trigal.


Salvador Rueda es biólogo y director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona, una institución que pretende generar y promover herramientas y modelos urbanísticos que sirvan para construir ciudades más sostenibles. Rueda defiende para ello, entre otras cosas, un modelo de ciudad compacta frente al de ciudad dispersa que facilite las interacciones entre personas y un incremento de la complejidad asociado a una reducción de la compartimentalización de zonas homogéneas y a un aumento de la heterogeneidad (por así decir, con un ejemplo simplón, en lugar de tener un barrio con viviendas, otro con centros comerciales, y otro con hospitales, escuelas, bibliotecas e instalaciones deportivas, lo idóneo sería que todo estuviera bien mezclado, para incrementar las sinergias y dotar de mayor dinamismo a la vida urbana). Este incremento de complejidad debería vincularse a la búsqueda de la máxima eficiencia, es decir, debería desarrollarse con el menor consumo energético. Para ello Rueda plantea un cambio en la estructura de redes de transporte y una planificación que permita que las ciudades puedan ser autosuficentes en la medida de lo posible.


En la entrevista que podéis ver a continuación, dividida en cuatro vídeos, habla de todo esto. Aunque se intitulan "Ecoeficiencia en la Arquitectura", realmente sería más adecuado "Ecoeficiencia en el Urbanismo". Como a Rueda, a mi tampoco me gusta esa moda de usar el prefijo "eco-" al tuntún, porque hace que se vacíe de contenido, pero creo que se puede pasar por alto ese detalle. También existe un artículo en el que el entrevistado trata las mismas cuestiones, aconsejable para los que quieran profundizar en esto. Son doce páginas, pero ligeritas. Para verlo, clic aquí. Hay otra versión del mismo artículo, idéntica a la anterior hasta la página nueve, a partir de la cual vincula el tema del urbanismo con el del cambio climático, dejando de tratar temas de los que habla en la primera. La segunda, además, tiene dibujitos. Para verla, clic aquí.