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sábado, 10 de noviembre de 2018

Reflexión sobre el Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo

El 10 de Noviembre es el Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo, desde que así lo declarara la ONU en el año 2001 y empezase a celebrarse a partir del siguiente. Es un día para reflexionar acerca del papel de la Ciencia en nuestra sociedad, de su situación y de a dónde queremos ir.

Acerca de la Ciencia pueden hacerse multitud de apreciaciones. Podemos decir de ella que es una gran empresa colectiva, con el potencial de involucrar a toda la humanidad en el desarrollo del conocimiento sobre el mundo que nos rodea, un conocimiento que nos provee de una perspectiva de la realidad objetiva y universal, que puede ser compartida por cualquiera. Es fácil reafirmarse en esta visión de la Ciencia cuando se observa el constante trasiego de investigadores de todas las nacionalidades en las universidades, los congresos internacionales en los que se reúnen eminencias de todo el mundo o las publicaciones académicas en las que nombres chinos, anglosajones, árabes o españoles pueden firmar distintos artículos o incluso uno mismo.

No obstante, ante esta visión idealizada podemos contraponer otras más mundanas. Podemos hablar de la Ciencia como el fundamento de todo el progreso técnico, y por tanto como pilar fundamental de una economía avanzada. Como una herramienta que permite mejorar la vida de las personas desarrollando curas a las enfermedades, técnicas de cultivo más eficaces o fuentes de energía más limpias. También podemos señalar que la Ciencia nunca ha sido inocente, pues siempre estuvo ligada a las carreras armamentísticas, pues disponer de la tecnología más avanzada puede ser determinante en la guerra. Podemos relacionarla con los intereses de los poderes económicos que tratan de usar el conocimiento y la tecnología para su propio beneficio.

Así pues, la Ciencia es una actividad humana con una gran importancia política. Provee de reputación y de una excelente oportunidad para la cooperación entre Estados, constituyéndose en una fuente de poder blando (algo que nuestro país ha venido haciendo fatal en los últimos tiempos, como expresé en este análisis hace algún tiempo). Y las repercusiones de su práctica imponen el deber moral de orientar el desarrollo de sus frutos en la dirección correcta, poniéndolos a disposición de toda la sociedad, sin excluir a los más desfavorecidos ni servir al interés egoísta de los más poderosos. Por eso resulta procedente el matiz de este día conmemorativo, que no es sólo Día Mundial de la Ciencia, sino también para la Paz y el Desarrollo, que este año tiene un particular carácter conmemorativo: el 70º aniversario de la proclamación del derecho a la Ciencia como parte de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 27:

Derecho a participar en la vida cultural, artística y científica 
1.Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten. 
2.Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.

Es fundamental hacer políticas que fomenten ese progreso y que garanticen ese derecho a todas las personas. Impulsar la Ciencia que sirve para mejorar la vida de las personas, y no sólo los beneficios de las corporaciones; y la que estimula a las pueblos a cooperar entre sí para avanzar en un proyecto común y a construir la Paz, frente a la que les sirve para competir en la guerra. En definitiva, una Ciencia de todos y para todos.

martes, 6 de octubre de 2015

CIENCIA ESPAÑOLA Y PODER BLANDO

El poder blando, o soft power, es un concepto desarrollado por el politólogo Joseph Nye que se remonta a los años 80, y que hace referencia, en el ámbito de las Relaciones Internacionales (RRII), a la presencia y capacidad de influencia de un Estado a través de elementos culturales e ideológicos. En España, el Real Instituto Elcano lleva realizando desde hace varios años informes sobre el estado de la mencionada cuestión, basándose en el “Índice Elcano de Presencia Global”, integrado por la presencia económica, la militar y la presencia blanda1. Interesa a efectos del presente artículo observar el papel de la Ciencia en dicho índice: la presencia blanda, a su vez, integra multitud de parámetros, siendo este uno de ellos. En concreto, la Ciencia se mide como “número de artículos publicados en los ámbitos de artes y humanidades, ciencias sociales y ciencias”. 

España se hallaba en 2014 entre los diez primeros países en lo que respecta a presencia blanda, si bien había manifestado alguna variación negativa en el último informe. En la variable de Ciencia las cifras son positivas. Sin embargo, el indicador utilizado por los investigadores (además del defecto de no discernir entre la Ciencia propiamente dicha y publicaciones del ámbito de las Humanidades) parece no valorar ciertas dimensiones de la política científica que podrían considerarse relevantes a efectos de las RRII, y que posiblemente hayan empeorado en la última etapa. Me estoy refiriendo en particular a la presencia de España en múltiples sociedades científicas internacionales, o en proyectos de carácter internacional en los que participan diversas naciones. A este respecto, y a partir de la llegada de la actual crisis económica y, especialmente, del presente gobierno de Mariano Rajoy, la política científica ha devenido en preocupante, esencialmente por el abandono que de esta se ha realizado2. En los dos últimos años, España ha sido expulsada por impago, por ejemplo, de proyectos como El Programa Internacional para el Descubrimiento del Océano y el Programa Internacional de Perforación Científica Continental, de la IUPAC, y ha abandonado el programa europeo HERA (en el ámbito de las humanidades). Estos son sólo algunos ejemplos, si bien hay muchos más casos en los que España ha tenido problemas por falta de cumplimiento con los pagos de cuotas. Dos de las publicaciones científicas más prestigiosas, Nature y Science, ya se hicieron eco acerca del deplorable estado de la Ciencia española. También ha sido el caso de otros medios de distinta naturaleza pero de gran relevancia, como son el Financial Times o Le Monde Diplomatique, ambos referencias mundiales en información económica y política. Sin duda este tipo de cosas contribuyen a dañar la imagen de nuestro país en el exterior como país avanzado. 

A falta de un análisis más riguroso, parece ser que España ha apostado por el idioma, los deportes y el turismo como instrumentos principales en la construcción de su poder blando. Respecto del primero de estos tres elementos, aparte de la gran presencia del Español en el mundo, es imprescindible mencionar al Instituto Cervantes, con oficinas en países de todos los continentes, cuyo papel destacaba el British Council en su informe sobre el soft power Influence and Atraction. No han faltado voces que ocasionalmente reclaman una mayor presencia del idioma Español en el ámbito científico. No es descabellado aventurar que si existiesen varias publicaciones prestigiosas en ese idioma, y se publicasen investigaciones de calidad y en cierta cantidad, podría ocurrir que realmente la Ciencia fuera un ámbito válido para promover ese idioma, a la vez que el mismo sería más útil para promover la Ciencia en los países hispanohablantes, si bien en ningún caso parece realista un escenario en el que se produzca un desplazamiento del Inglés. En cualquier caso, esta resulta una pretensión abocada al fracaso en tanto los territorios de habla hispana en su conjunto, o cuando menos una parte significativa de ellos, no apuesten por realizar fuertes inversiones en investigación básica y aplicada. A día de hoy parece un objetivo lejano; sin embargo puede vislumbrarse la posibilidad futura de poner en funcionamiento planes para fortalecimiento de las relaciones de cooperación científica entre los distintos países hispanohablantes, generando sinergias que trasciendan el propio ámbito científico. Sea como sea, la construcción de un sistema científico es un proyecto cuyos frutos se cosechan sólo en el largo plazo, mientras que su desmantelamiento se puede realizar en poco tiempo. Esto implica que las políticas científicas no son algo que puedan posponerse constantemente sin grave riesgo para la continuidad y buen funcionamiento del sistema. A España posiblemente le costará recuperar una posición de prestigio internacional en el ámbito científico; sin embargo esta es una empresa que debería ser abordada desde ya. 

 _______________ 

1 Como indica el propio informe de 2014, presencia y poder no son equivalentes. Sin embargo, sí dedica un apartado a argumentar acerca de lo razonable que parece suponer una correlación positiva entre ambos conceptos 

2 Resulta significativo que el presidente Rajoy suprimiera el Ministerio de Ciencia e Innovación, dejándolo reducido a una Secretaría de Estado del Ministerio de Economía.

FUENTES











jueves, 13 de noviembre de 2014

Tratados de paz y comercio

Buscando información sobre el tratado de Adams-Onís, por el cual la España de Fernando VII y EEUU definieron sus fronteras, he hallado este material que me ha parecido canela fina, así que lo comparto con vosotros:

"Tratados, convenios y declaraciones de paz y de comercio que han hecho con las potencias estranjeras los monarcas españoles de la casa de Borbon: Desde el año de 1700 hasta el dia"

Está disponible como libro electrónico gratuito.


miércoles, 21 de agosto de 2013

¿Podemos diseñar una sociedad sostenible?

Los que sigáis el blog de Hablando de Ciencia conoceréis la sección "Pregunta a HdC", donde los redactores tratamos de contestar las preguntas de nuestros lectores. Os dejo aquí mi respuesta a una de ellas. 

¿Podemos diseñar una sociedad realmente sostenible? 

Más nos vale, porque lo contrario, una sociedad no sostenible, por definición está destinada a colapsar tarde o temprano. Es totalmente imprescindible para la perdurabilidad de nuestra especie encontrar un modelo social que sea sostenible, esto es, que no termine por agotar los recursos naturales de los que dependen nuestras vidas. Esto sólo se puede conseguir logrando que la explotación de estos sea lo bastante baja como para permitir su renovación a medida que los consumimos. Un ejemplo de explotación sostenible sería el caso de un bosque del que extraemos madera y otros recursos, pero nunca a un ritmo mayor del que necesita el bosque para regenerarse. Para lograr una sociedad sostenible, esta forma de hacer las cosas debería extenderse a todos los ámbitos de la economía. 

La sobrepesca puede conllevar un agotamiento definitivo de las especies de peces que usamos para alimentarnos.


La consecución de la sostenibilidad requeriría de una sociedad como la nuestra cambios en muchos aspectos. El crecimiento económico, en los términos en los que se produce en la actualidad, va aparejado a un creciente consumo de recursos naturales, lo cual es necesariamente insostenible por ser unos no renovables, y otros renovables pero limitados. Para alcanzar la sostenibilidad, las sociedades deberán cesar el incremento del consumo material. Dado que este parece ser considerado el camino a seguir en la actualidad por la mayoría de poderes políticos y económicos, lamentablemente parece muy difícil esperar que en el corto plazo se produzca un cambio de mentalidad generalizado. 

En cuanto al imprescindible freno del crecimiento poblacional, existen únicamente dos mecanismos: aumentar la tasa de mortalidad o disminuir la tasa de natalidad. Por supuesto, el primero es indeseable; de hecho la medicina lucha precisamente por alargar la esperanza de vida y así debe seguir. No queda pues otra opción que la segunda, la reducción de natalidad. Alguien podría temer que esto sólo pueda ser logrado mediante la adopción de medidas autoritarias y represivas, sin embargo la realidad es que se ha observado que cuando una sociedad alcanza cierto grado de bienestar la natalidad suele caer sin necesidad de leyes excepcionales. Que esto ocurra estará condicionado a una serie de circunstancias, como que los niños deban ser obligatoriamente escolarizados y ya no pueden ser usados como mano de obra, la mujer logre ciertos niveles de emancipación, y las familias tengan acceso a métodos anticonceptivos que les permiten llevar a cabo una planificación familiar. En definitiva, la sostenibilidad requiere no sólo de una mejor administración de los recursos naturales, sino también conlleva la necesidad de erradicar la pobreza y disminuir las desigualdades. 



La población mundial crece a destajo y la mayor tasa de crecimiento demográfico se observa en los países pobres.


Este necesario cese del crecimiento que podríamos llamar “material” no implica el fin del desarrollo humano. Puede ir acompañado (de hecho probablemente sea necesario) de un nuevo modelo de desarrollo “del conocimiento”. Aunque no consumamos más energía, agua o territorio, sí podemos seguir incrementando nuestro conocimiento científico, mejorando nuestra tecnología y enriqueciendo nuestro acervo cultural. 

En definitiva, alcanzar la sostenibilidad requiere de la combinación de dos tipos de soluciones: técnicas, por un lado, donde la Ciencia nos proporcionará el conocimiento y la tecnología necesarios para explotar los recursos del planeta de un modo sostenible; y políticas por otro lado, que pongan fin al modelo de crecimiento económico imperante hoy en día y que se ocupen del fin definitivo de la pobreza. Sin duda no es algo imposible, pero al ser algo que requiere de un cambio de mentalidad global ciertamente resulta complicado; sin embargo, en última instancia, que lo consigamos será una cuestión de voluntad.

martes, 5 de febrero de 2013

La Ciencia y la innovación en España de la Transición a la crisis.

Dejo aquí la grabación de Rubén Permuy para la Associació Catalana de Comunicació Científica de la conferencia que el pasado 13 de Diciembre dio en el Ateneu de Barcelona José Molero, economista y catedrático de la Complutense de Madrid. En ella contextualiza los aspectos sociopolíticos y económicos de la ciencia española haciendo un repaso de su historia desde los inicios del franquismo, y analiza sus perspectivas en la actual situación de crisis y recortes drásticos. Las conclusiones no son en absoluto halagüeñas.

Algunos comentarios interesantes:

En España sectores empresariales que innovan y generan valor añadido (farmacéutica, electrónica, aeroespacial, etcétera) no se han consolidado suficientemente y se encuentran en una proporción inferior a la media de los países desarrollados. Así pues, nos faltan "agentes sociales" que desarrollen tecnología. Esta cuestión está fuera del debate político.

En la balanza de pagos tecnológicos de España, lo que ingresamos por tecnología no cubre ni el 30 % de lo que pagamos por lo que compramos. Este es un problema que tampoco está en el debate político.

Lo que está previsto aprobar este año en los presupuestos del Estado es poco más que lo del 2004 (teniendo en cuenta el valor constante del dinero, es decir, descontando la subida de precios).

La inversión de las CCAA prácticamente está desaparecida.

Por si fuera poco, el sistema científico creció durante los anteriores años de inversión. Esto conlleva que los recortes resulten aún más dañinos, pues requiere de más recursos para mantenerse. Los fondos por investigador y las subvenciones por investigador público están a niveles de país de ciencia pobre.

La mayor parte de la reducción es en subvenciones, que es lo que tiene que nutrir la investigación pública. Han caído menos los fondos financieros: los créditos. El problema es que estos últimos no se utilizan, puesto que las instituciones no están en condiciones de pedir créditos (y ya sabemos que los bancos no están por la labor de concederlos).

Llevamos varios años en los que no se ejecuta más de la cuarta parte del presupuesto, sobre todo la parte correspondiente a los créditos.

Los presupuestos no se encajan en un discurso estratégico con un objetivo. Los responsables de los recortes no tienen perspectiva alguna de la línea de acción a seguir. Simplemente recortan por recortar.



domingo, 6 de enero de 2013

Visión de futuro


Titular de El País, día 3 de Enero de 2013:

Baleares avanza en su plan para privatizar los parques naturales


Cuando dice "Baleares" se refiere al actual Govern de las Islas Baleares. No se trata de una privatización del territorio, cosa que podría llevarnos a pensar el titular, sino de los servicios de gestión, como se explica en la noticia.

Clicar encima para ampliar.

Gracias a Rafa Mónico por la viñeta.

domingo, 22 de enero de 2012

La necesidad del Patrimonio Natural

Hace un tiempo, durante un rato libre, me encontré con que la abogada ambientalista Cristina Álvarez Baquerizo concluía con la siguiente cita la redacción del acta de su exposición en el I Congreso Técnico de Conservación de Fauna y Flora Silvestres, celebrado en Formentor en Octubre del 2006:

El Patrimonio Histórico Español es una riqueza colectiva que contiene las expresiones más dignas de aprecio en la aportación histórica de los españoles a la cultura universal. Su valor lo proporciona la estima que, como elemento de identidad cultural, merece a la sensibilidad de los ciudadanos. Porque los bienes que lo integran se han convertido en patrimoniales debido exclusivamente a la acción social que cumplen, directamente derivada del aprecio con que los mismos ciudadanos los han ido revalorizando.

Se trata de un fragmento extraído del preámbulo de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, y era utilizado por la señora Álvarez para expresar su deseo de que algún día pudiera decirse algo parecido sobre el Patrimonio Natural, al que hace referencia la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad. Tras leer tales cosas, me alegré de saber que no estoy solo en mi opinión al respecto de este tema. Sin embargo, el que una abogada ambientalista tenga tales ideas, si bien es buena cosa, no es precisamente motivo para lanzar cohetes al cielo. La cuestión realmente importante es ¿cuán arraigado está en la sociedad española el concepto de Patrimonio Natural? La educación obligatoria, los actos culturales y los medios de comunicación mediante editoriales, columnas de opinión y reportajes, desde siempre han venido haciendo énfasis en el gran valor de nuestro Patrimonio Histórico. Las más excelsas obras pictóricas, la literatura más genial, los vestigios arquitectónicos testigos de nuestra rica Historia, etcétera, etcétera, son motivos de orgullo de muchos de los españoles que poseen unos niveles culturales medianamente aceptables. Todo eso está muy bien, pero lo que quisiera yo saber es cuántos ciudadanos de este país son capaces de apreciar en el mismo grado el valor de una especie biológica o de un ecosistema, no ya por los servicios que pueden proporcionarnos, sino por el valor intrínseco que se les puede otorgar, igual que puede otorgársele a un Dalí, a los retablos de una catedral o a la catedral misma, a un dolmen o a una vasija de barro del Neolítico. Según mi percepción, no representan un alto porcentaje, y de entre los que hasta cierto punto pueden sentir algo similar, lo hacen mayoritariamente hacia especies emblemáticas como el lince ibérico o el águila imperial, y hacia esplendorosos ecosistemas como grandes bosques, sin reparar por lo general en las humildes hierbas y en los pedregales entre los que viven muchas de ellas.


Una cabaña de carbonero delante de una plataforma de piedra y tierra, antiguamente utilizada en la elaboración de carbón vegetal (sobre ella se apilaba leña y se sometía a combustión incompleta). Ambas construcciones están en un encinar de la finca de Ses Fonts Ufanes, en Mallorca. ¿Qué tiene más valor, el elemento histórico o el elemento natural?

Ciertamente, que la gente aprecie el valor que posee un cardo por el mero hecho de existir puede que sea demasiado pedir, pero en cualquier caso estamos lejos del nivel de concienciación que poseen al respecto de estas materias las sociedades de otros países europeos. No es de extrañar que una gran mayoría de visitantes de la Albufera de Mallorca sean alemanes y británicos armados con telescopios para observar las aves migrantes que cada año pasan una temporada en el lugar. En ocasiones como esta siento envidia (española) de esos perros ingleses, hijos de la pérfida Albión.



¿Se parecen? Mientras que el amigo Félix fue una excepción, Sir Attenborough es uno de muchos más. Está claro que España tiene algunas deficiencias.


La gracia del asunto, suponiendo que tenga alguna gracia, es que España es precisamente el país de la Unión Europea con una mayor biodiversidad, tanto en cuestión de especies como de hábitats. No se puede decir que nuestro Patrimonio Natural sea más valioso que el de nuestros socios comunitarios, pero sí más rico. La posición geográfica de España, al sur de Europa y al norte de África ha causado que fuera refugio de muchas especies cuando las glaciaciones cubrieron de blanco la mayor parte del Viejo Continente; al retirarse los hielos la vida tuvo que volver a empezar de cero más al norte, mientras que aquí, aunque muchas de las especies presentes emigraron o se extinguieron para dejar paso a otras, las hubo que sobrevivieron en reductos o evolucionaron, y todo esto fue motivo de enriquecimiento de la diversidad. Por otro lado, el complejo relieve de nuestra geografía y la variedad climática potencian la diversidad de hábitats, y el aislamiento del resto del continente gracias a los Pirineos junto con la presencia de dos archipiélagos en lugares tan dispares como el Mediterráneo Occidental y la Macaronesia causan que muchas especies hayan quedado aisladas convirtiéndose en endemismos (especies que sólo se encuentran en un territorio relativamente reducido y en ningún otro lugar del mundo), siendo así el número de estos más elevado que el de varios de los grandes países europeos juntos. También la tardanza del país en desarrollar una industria e infraestructuras medianamente equiparables a las de otros estados desarrollados, así como la baja densidad poblacional en los territorios rurales, han supuesto factores que han redundado en una mejor conservación (totalmente involuntaria, por supuesto) de nuestros parajes naturales. No obstante, a cualquiera que tenga ojos y quiera ver no se le escapará que no merecemos ninguna medalla. Está claro que nuestra biodiversidad está en peligro, tanto a consecuencia del desarrollo no sostenible de nuestra sociedad como por los efectos difíciles de predecir que está teniendo el cambio climático sobre los ecosistemas, tanto naturales como agrícolas.


Prado de la finca de Son Bosc (Mallorca). Este espacio estuvo incluido en el Parque Natural de S'Albufera de Mallorca, después fue desprotegido para construirse un parque de golf en él. Actualmente el proceso ha sido detenido, aunque parte de la finca ha sido arrasada. Los prados mediterráneos son ecosistemas con una altísima biodiversidad, y en Son Bosc existen especies de gran valor desde el punto de vista de la conservación.

Sería bueno que la sociedad tomase conciencia de todo esto y que el concepto de “Patrimonio Natural” pasase a formar parte de la cosmovisión de los ciudadanos de este país como ocurre con el de “Patrimonio Histórico”. Estaría bien que se exigiese a las clases políticas mayor responsabilidad en cuanto a la conservación de la biodiversidad y del territorio, sobre todo a la vista de los muchos (demasiados) desmanes urbanísticos que hemos visto y me temo que aún habremos de ver. Y por supuesto, y con esto me permito agregar mi pequeña protesta ante la lamentable situación de la Ciencia en este país, se debería invertir en la investigación de nuestro medio natural, pues si no lo conocemos no seremos capaces ni de tomar las medidas oportunas para conservarlo ni de aprovechar los servicios que puede ofrecernos sin dañarlo y destruirlo.



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Algo de bibliografía:
-LA BIODIVERSIDAD EN ESPAÑA, Pilar Álvarez-Uria Tejero y Cristina Zamorano Chico
-EVOLUCIÓN LEGISLATIVA SOBRE LA CONSERVACIÓN DE ESPECIES. Cristina Álvarez Baquerizo. El Rumbo del Arca: actas del I congreso técnico de conservación de flora y fauna silvestres.


Este artículo es una adaptación reducida de otro publicado en el pasado por mi en generacion.net.

lunes, 10 de octubre de 2011

El bucle de la conservación

Creo que a nadie se le escapa que hay especies que atraen mucho más la atención de la sociedad y en cuya conservación, de ser necesario, se invierten más fondos y esfuerzos que en otras especies apenas conocidas. Resulta bastante intuitivo que lo que interesa a la gente es lo que recibe prioridad. Sin embargo, vale la pena preguntarse qué factores afectan a la inversión en los planes de conservación y hacer un análisis científico riguroso.

Ecosistemas, la revista de la Asociación Española de Ecología Terrestre (AEET), publica en su número de Enero de 2011 un estudio llamado «La conservación de biodiversidad en España: atención científica, construcción social e interés político». En la introducción del artículo podemos leer lo siguiente:

«La priorización de fondos para la conservación de especies depende de diferentes dimensiones asociadas indirectamente con la toma de decisiones: información científica existente, opinión pública y legislación vigente».

No es difícil ver cómo funciona la dinámica: se invierten más fondos en la conservación de especies de las cuales existe más conocimiento científico (puesto que ese conocimiento nos permite utilizar esos fondos con más eficacia) a la vez que en aquellas en las que la sociedad está más dispuesta a gastar dinero. El papel de la legislación es bastante obvio: desde ese plano se genera las leyes que establecen que una especie esté o no protegida, así como las bases legales que permitirán llevar a cabo las acciones necesarias para su conservación.

Este es el punto de partida del estudio. Con él, los autores buscaron comprobar si efectivamente en España se observa una relación entre cada una de estas tres patas del taburete del presupuesto de la conservación y la inversión que realizan las administraciones. Y en efecto, los análisis realizados sobre los datos que utilizaron establecieron que la relación existe. Pero además pudieron ver la existencia de un bucle de retroalimentación positiva, una especie de círculo vicioso, que hace que sean unas cuantas las especies que se benefician del dinero público y que otras estén dejadas de la mano de Dios.

El bucle funciona del siguiente modo, simplificando: existen algunas especies por las que existe mayor interés social, en torno a las que los investigadores centran la mayor parte de sus estudios, generando más conocimiento científico sobre ellas. A su vez, los políticos legislan principalmente en favor de esas especies, por un lado porque se sabe más de ellas, por otro porque despiertan las simpatías del pueblo, e invertirán más fondos en su conservación y también en la investigación sobre ellas. Esto será un estímulo extra para que los científicos sigan en esa línea de trabajo. Finalmente, cuando a través de noticias, reportajes, artículos de divulgación o planes de educación ambiental toda esta información llegue a la sociedad, se fomentará todavía más su interés sobre esos animales y plantas, lo que de algún modo cierra el círculo.

Bucle del que se benefician especies como el lince ibérico. El interés que despierten en la sociedad se transmitirá a los responsables de tomar las decisiones a través de la opinión pública. Éstos invertirán más tanto en su protección como en la investigación sobre ellos. A su vez, la información proporcionada por la Ciencia todavía reforzará este efecto. Los resultados de las investigaciones y de los programas de conservación se transmitirán a la sociedad a través de divulgación, medios de comunicación y educación ambiental, lo que influirá de nuevo en la opinión, volviendo a empezar el ciclo. Mientras los esfuerzos y la atención se centran en determinadas especies, otras quedan fuera del círculo y tienen dificultades para entrar. La línea discontínua es una interpretación mía que no aparece en el estudio: la comunidad científica, como parte de la propia sociedad, probablemente también manifiesta más interés por unas especies que por otras. En el estudio original puede verse un diagrama similar mucho más completo.

No todas las especies vivientes son animales y plantas. Sin embargo, la realidad es que las especies que más favorecidas se ven por este bucle pertenecen a alguno de esos dos reinos. Los autores del trabajo también hicieron un análisis de qué grupos eran los que más interés despertaban, los más estudiados y aquellos más protegidos y en cuya conservación se invierte más dinero. Si retomamos la comparación que hice unas líneas atrás con un taburete de tres patas (las patas del interés social, del científico y del político), podríamos decir que se observó cómo era el taburete para cada uno de ocho grupos: mamíferos, aves, plantas superiores, herpetofauna (reptiles y anfibios), invertebrados, peces, microorganismos y hongos. Al final se observaban cuatro grupos en los que se reunían los taburetes similares entre sí: en uno están los tres primeros (mamíferos, aves y plantas superiores), los más beneficiados por el bucle; un poco peor están la herpetofauna y los invertebrados, pero ni mucho menos tanto como los peces. Sin embargo, los taburetes de patas más endebles son los de los hongos y microorganismos. Como decía antes, ni animales, ni plantas.

Representación tridimensional del interés existente por los distintos grupos de seres vivos. El máximo interés (cuadro verde) se lo llevan los mamíferos (concretamente carnívoros y cetáceos), y en menor medida la vegetación superior y las aves acuáticas, rapaces y esteparias. Los microorganismos y los hongos aparecen como parias olvidados por todos. Algún día se vengarán destruyéndonos y descomponiéndonos. La imagen se ha tomado del artículo original.

Entre otras cosas, el estudio comenta que la existencia de una creciente preocupación social por la herpetofauna y (como puede verse en el gráfico) en menor medida por los invertebrados, ambos grupos que ya gozan de la atención de los científicos, podría ser una oportunidad para quebrar el círculo vicioso, y hacer que los fondos destinados a conservación se redistribuyan entre más beneficiarios. Lamentablemente, estamos en tiempos de crisis, y me da la impresión de que sapos, culebras y babosas (y no sólo ellos) van a tener que esperar mucho tiempo.




Artículo original, por B. Martín-López, I. Martín-Forés, J.A. González y C. Montes, publicado en revista Ecosistemas.


jueves, 28 de enero de 2010

Constitución Española de 1978

TÍTULO I. De los derechos y deberes fundamentales
CAPÍTULO III. De los principios rectores de la política social y económica

Artículo 45
    1. Todos tienen el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo.

    2. Los poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose en la indispensable solidaridad colectiva.

    3. Para quienes violen lo dispuesto en el apartado anterior, en los términos que la ley fije se establecerán sanciones penales o, en su caso, administrativas, así como la obligación de reparar el daño causado.



Las negritas son mías.

miércoles, 7 de octubre de 2009

La ciencia española no necesita tijeras

Mucho revuelo ha habido desde que el gobierno anunció un tremendo recorte sobre los presupuestos destinados a ciencia (el famoso I+D, como se dice en estos tiempos modernos). Tras las airadas protestas iniciales, se habló de un recorte de presupuestos más suave, pero igualmente notable, y en así se aprobó el Proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado. Diversas personalidades de la ciencia española han redactado y firmado manifiestos, se han publicado columnas de opinión críticas en diarios más o menos prestigiosos y se ha tratado de generar una movilización ciudadana a través de redes sociales como Facebook y mediante la participación de blogs como este. Una de ellas consiste en redactar una entrada con el fin de mostrar respaldo a la protesta y acompañarla de una estampita como esta:


Oh. Pobres cientifiquitos, les recortan el presupuesto, dirán algunos, o tal vez muchos. Igual que se hace con tantos otros ministerios, no te fastidia, podrían argumentar. Pero no es ya que se recorte el presupuesto a los investigadores que trabajan en España (que también), sino que se recorta el presupuesto destinado a la investigación en España, lo cual no es lo mismo, si uno lo piensa. ¿Debería hacerse? Supongamos que no hay más remedio. ¿Por qué tendría que ser uno de los más afectados? ¿Por qué no un recorte más mesurado?
Aunque probablemente la inversión debería como mínimo mantenerse. Se ha hablado una y otra vez de cambiar el modelo económico, de crear uno que sea productivo y que no dependa sólo del ladrillo y el turismo, pero si eso es lo que queremos, la investigación deberá convertirse en uno de los puntales de ese modelo. Sin embargo, su actividad se desarrolla lentamente, y por lo general sus beneficios se perciben a medio y largo plazo. Así pues, no se puede ir recortando presupuestos ahora y después volverlos a subir y aquí paz y después gloria. No podemos interrumpir el proceso. Y menos cuando España es ya de por sí un país bastante deficiente en este campo.

Así que me adhiero a la protesta, como otros cientos de bloggers.