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jueves, 30 de enero de 2014

Sopa de plástico, una problemática global

Hoy he visto el reportaje "Sopa de plástico, 1ª parte" emitido en el programa El escarabajo verde (al final del post podéis ver el vídeo). Explica la problemática de la contaminación marina por plásticos desde la situación que se vive en Lanzarote, si bien se cuida de aclarar que se trata de un problema global. Para profundizar en la cuestión se puede leer el informe Plastic Debris in the Ocean de la UNEP (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente). Un par de gráficos reveladores que pueden verse en este documento:


Producción mundial de plásticos desde el año cincuenta; actualmente cerca de una cuarta parte en Europa. Es notable como coinciden una caída durante una de las crisis del petróleo de los años 70 y otra durante la actual crisis financiera. Algo bueno tendrían que tener. Algunas clases de plásticos no aparecen representadas en el gráfico.
http://www.unep.org/yearbook/2011/pdfs/plastic_debris_in_the_ocean.pdf


La distribución estimada de la basura en el océano. Se observa que coincide con los llamados "cinco giros". Un giro oceánico es un sistema de corrientes cerrado, como un círculo (evidentemente no es una forma circular, sino más bien irregular, pero creo que se entiende la idea). Hay muchos más, pero los cinco que se mencionan en el pié de la imagen son los más grandes, y parece ser que actúan como una trampa que captura la basura y la acumula. Podemos ver como uno de los grandes giros queda bastante cerca de las Islas Canarias, donde el programa El escarabajo verde realizó su reportaje.
http://www.unep.org/yearbook/2011/pdfs/plastic_debris_in_the_ocean.pdf

Y aquí tenéis el programa. Esta es la primera parte, en teoría habrán de emitir una segunda que mientras escribo estas líneas todavía no está disponible, pero seguro que sabréis encontrarla sin mi ayuda cuando llegue el momento.

lunes, 2 de agosto de 2010

La fragilidad de las dunas

El otro día fui de paseo a las dunas de la playa de Muro, un lugar bastante agradable que le permite a uno internarse en la naturaleza y recrearse en la falsa ilusión de haber dejado muy atrás el mundo del asfalto y el ladrillo. Era un buen momento para pasear: una temperatura agradable y poca gente.

Para desgracia de estos ecosistemas, se hallan situados en la costa, y precisamente al lado de las playas arenosas ideales para clavar la sombrilla y levantar castillos, es decir, las más atractivas para el sector turístico. Esta circunstancia ha conllevado su eliminación en pro de chalets, hoteles, chiringuitos y equipamientos urbanos hasta el punto de hacer de ellos uno de los ecosistemas más degradados existentes en el Mediterráneo.

Por otro lado, no sólo la actividad urbanística es responsable de la destrucción de los sistemas dunares. El sustrato arenoso de éstos es muy frágil, y tarda muchos años en reponerse. De ahí que los pisoteos de los usuarios de las playas tengan efectos perniciosos para las dunas, por un lado por la degradación de la vegetación, clave en la retención de la arena aportada por el viento, por otro lado por la propia erosión asociada a la acción mecánica de los pies. A veces, la erosión producida por los caminantes llega a abrir caminitos, que según la orientación que tengan, pueden constituir una especie de embudo por el que penetrará el viento de las brisas marinas, incrementando la erosión.

Duna fija cubierta de sabinar. Se puede observar cómo la erosión ha arrancado un pedazo de duna, dejando las potentes raíces de las sabinas al descubierto.

Como se ha dicho, las dunas son frágiles por la naturaleza de su sustrato. También tienen una biodiversidad relativamente baja, lo cual no las favorece en este sentido. No obstante, son sistemas más complejos de lo que parecen en principio. Su morfología varía perpendicularmente a la costa. En primera línea hallamos dunas embrionarias y tras ellas dunas móviles, habitadas por herbáceas, sobre todo gramíneas, que se encargan de ir acumulando arena gracias a un extenso sistema de raíces. Detrás la situación cambia. Aquí  ya encontramos dunas en las que el sustrato está mejor fijado, permitiendo dominar a otras clases de vegetación, en ocasiones pequeñas plantas leñosas. 

Si desea leer lo que hay escrito en ella, haga clic sobre la imagen.

Hacia el interior, las dunas están más fuertemente fijadas, y crecen sabinas y aún más adentro, pinos, de formas notablemente moldeadas por la acción del viento, dando lugar a bosques que pueden llegar a ser bastante extensos. En ocasiones hay zonas levemente deprimidas, lo bastante próximas al nivel del mar como para que en ellas crezcan juncos y otras plantas propias de lugares algo húmedos y salobres. Claro está, toda esta descripción es bastante vaga, y frecuentemente hallamos una gran e interesante variabilidad en cuanto a la configuración de las dunas y la vegetación que las pueblan, dependiendo de factores ambientales y del impacto humano al que han sido sometidas.

Dunas de la playa de Muro. La degradación ha alterado su configuración, y de la duna embrionaria prácticamente se pasa a la duna fija. En la zona de la foto se observa una gradación de vegetación paralela a la línea de costa, que se ha producido en una zona en la que la actividad humana ha creado un camino. En condiciones normales, esta gradación se dispondría perpendicularmente a la línea costa. Al fondo se observan letreros informativos y una pasarela para que los usuarios no pisoteen la arena.


En la actualidad, se comienzan a elaborar planes de protección y restauración para estos ecosistemas. En las dunas de la playa de Muro, así como en otras de nuestros litorales, encontramos vallas que pretenden impedir la entrada a la gente (aunque es fácil saltarlas), carteles informativos, pasarelas de madera para que los paseantes puedan atravesar la zona sin causar mayor degradación, y barreras de leña que permiten el paso del aire pero retienen la arena, favoreciendo la regeneración de la duna. 

 Bosque y matorral en la zona de dunas fijas. Una barrera de leña al lado del camino, además de retener arena que pueda transportar el viento, pretende impedir el paso. Por si existen dudas, un ilustrativo cartel indica claramente lo que no puede hacerse.


Esto no implica que dejen de verse individuos que disfrutan sintiéndose los reyes del mundo desde la cresta de la duna, o que vean en la retroduna el lugar idóneo para poner la toalla y la sombrilla, apartados del gentío que abarrota la playa. Recuerdo haberme encontrado una vez, en Formentera, con un tipo que había excavado un gran agujero en la duna, y se había tumbado a reposar en su interior, protegido de miradas indiscretas por un pequeño muro de arena estratégicamente construido. Seguro que se sentía como un señor feudal en su castillo. Espero que el tiempo que he invertido en escribir esto haya servido para que, de ahora en adelante, cuando vayan a la playa, algunos de los que lo lean eviten estos comportamientos reprobables y miren a estos ecosistemas con otros ojos.

 Fotografía de pésima calidad en la que se observan residuos de la (in)civilización humana desperdigados sobre el sistema dunar. Al fondo, una rata se regocija ante tal circunstancia.





miércoles, 23 de julio de 2008

Hinojo Marino



Crithmum maritimum L., o hinojo marino en castellano, es una planta crasa que crece en litorales rocosos, aunque el ejemplar de la fotografía ha encontrado un pequeño hueco en el que se ha acumulado arena.

En Mallorca, donde se le llama fonoll marí, se encurten las hojas para usarlas en ensaladas. La fotografía fue tomada a mediados de julio en el Mal Pas, al este de la isla, en la bahía de Alcudia.





Ficha de
C. maritimum L. en el Herbario Virtual del Mediterráneo Occidental.



jueves, 3 de julio de 2008

Sobre la arena que nos llevamos en las chanclas

Los españoles estamos habituados a ver el urbanismo salvaje que devora el territorio como algo normal. Triste y deleznable, sí, pero normal en todo caso. Los que vivimos cerca de las costas, al menos en la región mediterránea, conocemos bien los paisajes en los que chalets, hoteles y grúas son los protagonistas en un paisaje de fondo azul marino. El litoral ha sufrido daños evidentes, y como es natural, mucha gente se ha puesto de acuerdo para coincidir en ello y quejarse de lo mal que vamos por este camino, múltiples grupos ecologistas han emprendido acciones diversas e incluso el gobierno, bien sea por una cuestión de principios, bien para satisfacer las demandas del pueblo llano, ha hecho algunos movimientos, como poner en marcha el Plan de Deslindes. Precisamente, el otro día leía en el diario Última Hora (ejemplar de obsequio) que el 77′54 % del litoral mallorquín ha sido deslindado. Según esa misma fuente, en Formentera el plan ha sido aplicado al 100%, en Ibiza está avanzado en un grado similar al de Mallorca, mientras que en Menorca apenas se ha ejecutado. Esto último se justificaba con que esta última isla está bastante protegida, y la aplicación del plan en ella no es de carácter urgente. Viendo estas cosas, no pude evitar acordarme de un interesante artículo publicado en el Boletín de la Sociedad de Historia Natural de las Baleares, en el que se hablaba de la degradación de las playas causada no por la maquinaria de construcción, sino por otros elementos algo más discretos: nuestros cuerpos.


Desde que existe, la costa ha estado sometida a la constante acción del oleaje y de las corrientes marinas, que tienen una acción morfogenética de transporte, deposición y erosión de materiales, dependiendo de las características de la playa y de las propias olas y corrientes. También juegan su papel otras fuerzas de la naturaleza, como los vientos o los ríos. Pero actualmente podemos hablar de una potente acción antrópica (es decir, ejercida por el ser humano), en la que se puede contar desde la construcción de las ya mencionadas urbanizaciones, pasando por la de puertos y espigones (que no necesariamente protegen la playa), hasta la acción de los inocentes niños que, en verano, construyen hotelitos y urbanizacioncitas de arena con sus humildes cubos y palas de plástico, eso sí, sin ningún ánimo de lucro.


Acerca de este último elemento erosivo publicó en el 2006 un estudio Francesc X. Roig-Munar, del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de las Islas Baleares. Fueron escogidas doce playas menorquinas, y entre los meses de julio y agosto del 2003, en la salida de cada una de las playas se tomaba la arena adherida a los cuerpos de 50 usuarios al azar (piernas, calzado y pies, aunque todos sabemos que con frecuencia la sacamos pegada a otros sitios), imagino que con el permiso de ellos. En total 600 individuos entre todas las playas. Entre julio y agosto del 2005 se repitió el procedimiento, esta vez escogiendo sólo 25 usuarios, también al azar. No obstante, en esta ocasión el verdadero objetivo eran las toallas. Las muestras de arena se secaron y se pesaron. Así era posible saber cuanta arena sacaron las primeras 600 personas pegada a su cuerpo y las otras 300 en sus toallas. Con este elevado número de medidas es suficiente para calcular una media de la cantidad de arena que cada persona se lleva de la playa. Si suponemos que este promedio es válido para todas las personas que visitan la playa, y no sólo para las que participaron del estudio, (es decir, en general todos nos llevamos más o menos lo mismo), lo cual es una suposición bastante razonable, podríamos hacer una estimación aproximada de cuanta arena ha sido sacada por el total de los veraneantes si supiéramos el número de estos. Afortunadamente, el Consell Insular de Menorca posee datos sobre la frecuentación de las playas, así que con algunos cálculos es posible saber la magnitud de la erosión debida a este factor.


El resultado es que, en promedio, cada usuario se llevaba, en sus extremidades inferiores, zapatillas y toalla, 33′64 gramos al volver a casa (o al hotel, restaurante o donde quisiera que fuera). Esto puede parecer poca cosa… después de todo en las playas hay mucha arena. Pero cuando miramos cuanta arena se sustrae cada año de este modo de las doce playas, ¡nos encontramos con la cifra de 55′05 toneladas!. De nuevo hablando en cifras promedio, entre las doce playas juntas recibieron 9.753 visitas por temporada (150 días, tres meses), lo cual no parece mucho para tantas playas y tanto tiempo. ¿Cuánta arena se sustraerá anualmente de playas más masificadas?. ¿Cuánta arena desde que España empezó a explotar sus soleadas costas como reclamo turístico?.


Evidentemente, toda esta erosión degrada el litoral y repercute de forma negativa sobre diversos ecosistemas, como los sistemas dunares que dependen totalmente de la disponibilidad de arena. Además según se puede leer en el artículo Roig-Munar, el transporte de sedimento genera cierto gasto económico debido a la suciedad acumulada en las calles, que los ayuntamientos deben limpiar, y a la saturación de colectores e instalaciones. Supongo (y sospecho no ser el único) que, asumiendo todo esto, se puede considerar un acto de civismo quitarnos los incómodos granos de arena de encima antes de abandonar la playa y retornar a nuestro estresante hábitat natural.
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Bibliografía
Roig-Munar, F.X. 2006. Quantificació de les pèrdues de sediment produïdes pels usuaris de les platges de Menorca (Illes Balears) com a factor erosiu. Boll. Soc. Hist. Nat. Balears, 49: 115-122. ISSN 0212-260X. Palma de Mallorca.



Publicado el 2 de Mayo de 2008 en Generacion.net