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domingo, 30 de noviembre de 2014

Colirrojo tizón en Mallorca

Este terrible depredador no es un león cazando una cebra, ni siquiera un halcón matando una rata. Se trata de un colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) picoteando hasta la muerte a una oruga. Puede observarse como dirige sus ataques fundamentalmente a la zona de la cabeza, con el objetivo de matarla para a continuación engullirla entera. Sin duda ese día almorzó en condiciones. Ocurrió hace un par de días en Mallorca.



miércoles, 6 de agosto de 2014

Apps recomendadas para naturalistas

Ahora que por fin tengo mi primer smartphone (cutrecillo, eso sí), he pensado que no estaría de más sacarle provecho. Así pues, el otro día lancé esta pregunta en Twitter:



Raudo y veloz, Andreu Escrivà fue el primero en responder, recomendando una magnífica guía de aves gratuita que, lamentablemente, no puedo bajar por no sé qué gaitas de incompatibilidades con el dispositivo.

Copépodo, como buen profesional de la botánica, también tenía algo que recomendar.


Mi buen amigo Jorge Mederos respalda las palabras de Copépodo y añade otra App a la lista.

Jesús Robles sigue con las recomendaciones para trabajos botánicos, y hace un poco de propaganda de su proyecto, así como quien no quiere la cosa.

Además, nos recuerda que para ir de excursión es conveniente saber por dónde anda uno.

¡Espera un momento! ¿Insuperable? Eso necesita una matización...

¿Y vosotros qué decís? ¿Algo güeno que queráis recomendar?


jueves, 10 de enero de 2013

El Boletín de la Sociedad de Historia Natural de las Baleares

Es un hecho bien conocido que en internet hay una enorme cantidad de información basura, pero no es menos cierto que si uno busca con habilidad puede encontrarse de tanto en tanto con gratas sorpresas. Hoy ha sido para mi una de esas ocasiones: he hallado el Boletín de la Sociedad de Historia Natural de las Baleares digitalizado. 

El primero de todos ellos, fechado en Febrero de 1951, comienza relatando la constitución de la Sociedad de Naturalistas de Baleares en el año 1947, así como su aún breve trayectoria y situación. Realmente, la Sociedad como tal aún no era una realidad, más bien se trataba de una sección de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Hablan de sus fines, comenzando con lo siguiente: Todo lo que sea fomentar el amor a la Naturaleza, especialmente de Baleares, tan magníficamente dotadas por el Creador, entra de lleno en nuestro plan. Para alcanzar tan elevada meta añaden objetivos concretos: conseguir un museo de Ciencias Naturales para las Baleares y una Biblioteca en la que poner al alcance de todos la Ciencia balear. El resto del boletín es un compendio de resúmenes de actas y pequeñas notas, noticias y avisos. 

Sello original. Una gaviota sobrevolando Mallorca. ¿Premonitorio?

Es notable la cantidad de ocasiones que se lee en este ejemplar el nombre de Guillem Colom Casasnovas (realmente firma como Guillermo, y no empieza a usar el nombre catalán hasta 1979; cosas de la censura franquista, supongo), micropaleontólogo mallorquín pionero cuyo nombre toma prestado el edificio de Biología y Ciencias de la Tierra de la Universidad de las Islas Baleares. Fue el primer vicepresidente de la Sociedad de Naturalistas de Baleares y en la fecha de aparición del boletín era ya presidente, tras la muerte del anterior, Miguel Massuti. En este primer número habla desde una perspectiva geológica de prospecciones petrolíferas y de un sondeo en busca de agua. También hay un curioso artículo llamado "Hipótesis sobre el fin de nuestra civilización", haciéndose eco de la conferencia de un tal Sr. Oliver, presidente del Colegio Farmacéutico, en la cual expuso la teoría del  geofísico norteamericano Hug Brow ("señor Hug Brow", dice el texto original) según la cual alguno de los casquetes polares podría aumentar tanto de tamaño que hiciese ladearse al planeta, precipitando aguas oceánicas sobre los continentes y provocando grandes extinciones. El texto aparece firmado por un tal "G.C.", tal vez Guillem Colom. El que usase sólo sus iniciales podría ser indicativo de que no acababa de creerse demasiado esta historia. Por si a alguien se le ocurre, ya aclaro que yo no fui.

A partir del año 53 el formato de los textos es más elaborado y ya empieza a tener apariencia de publicación científica. En el año 55 es cuando realmente aparece el tomo I. Hasta el momento en las portadas los boletines se trataban de "fascículos". Realmente, este volumen es una compilación de cuatro fascículos cuatrimestrales, cosa que ya se observa en el boletín del año anterior (en el cual, por cierto, aparecían por primera vez una fotografía, figuras y tablas). No se observa ningún motivo evidente por el cual cuenten a este como el primero, aunque tal vez guarde relación con el anuncio de que  el Excmo. Señor Gobernador Civil de la Provincia comunicó a esta Asociación que en fecha  2  de  agosto  último  el Ministro de la Gobernación había tenido a  bien  autorizar  su  constitución  y  funcionamiento aprobando sus Estatutos. Esto sin duda debió marcar un antes y un después. 

Sello a partir del año 1955, una vez la Asociación tuvo los papeles en regla.


El año siguiente, en el tomo II, encontramos algunos artículos en Francés (idioma de uso relativamente frecuente en Ciencia en aquellos tiempos), probablemente un síntoma de que el boletín empezaba a alcanzar cierto nivel. No obstante, hasta 1976 no encontramos ningún artículo en Catalán. En 1980 el Boletín pasa a titularse en catalán: Bolletí de la Societat d'Historia Natural de les Balears. Actualmente se pueden leer artículos en Castellano, Catalán e Inglés en proporción similar, aunque se admiten en cualquier lengua moderna.

En 2005 por vez primera aparece una fotografía en portada, cosa que se repite al año siguiente. El 2007 esta sufre un cambio definitivo hasta hoy, pasando de presentar la cubierta más sosa imaginable dos años antes a quedar prácticamente toda ella ocupada con una bonita imagen a todo color de temática naturalística, diferente en cada tomo. 

Sello aparecido en el 67. ¿Empezó a haber demasiados menorquines en la Sociedad? El actual es idéntico, salvo por la ausencia del recuadro y el texto en catalán.


¿Y a quién puede interesar el Boletín? Pues remontándonos al primer ejemplar del año 51...

Interesa nuestra labor a los amigos del mar y de la pesca, de la caza y de la montaña, del campo y de la granja, a los geólogos, mineros, entomólogos, conquiólogos, botánicos, aún a los meros contemplativos de la Naturaleza que saben vislumbrar en ella profundidades místicas y filosóficas de que con gusto les oiríamos disertar. 

¿Estáis entre ellos? Pues a leer.


miércoles, 17 de octubre de 2012

Mi particular reconocimiento a Gerald Durrell.


A lo largo de la Historia han existido muchos naturalistas, siendo quizás Charles Darwin el más destacado de entre todos, pero no el único: Jean Baptiste Lamarck, Ernst Haeckel, José de Acosta o Linneo son sólo algunos otros nombres de relevancia. Sin embargo, con frecuencia los naturalistas que se convierten en el referente a seguir por los chavales que algún día habrán de convertirse en biólogos, ambientólogos o similares suelen ser más conocidos no tanto por su trabajo científico como por su labor divulgadora. Es el caso de hombres como el británico David Attenborough o nuestro Félix Rodríguez de la Fuente, que tantas vocaciones habrá forjado. Estas son las verdaderas "estrellas" del naturalismo. En mi caso tuve a un referente que en España no es muy conocido. Su nombre era Gerald Durrell y su obra "La Guía del Naturalista" uno de los primeros libros que cayó en mis manos, cuando aún era un lector primerizo. Aunque una de las primeras cosas que hice fue rayar la portada con un bolígrafo de tinta azul, posteriormente lo forraría y lo cuidaría como a uno de mis mayores tesoros, para volver una y otra vez a mis partes favoritas, como quien relee distintos pasajes de un Evangelio.

Estatua de dos primates en el zoo de Jersey. Uno de ellos es Gerald Durrell.


En este libro, Gerald Durrell describe capítulo por capítulo diferentes ecosistemas de la Tierra: matorrales mediterráneos, litorales rocosos, arenosos, bosques, la tundra, desiertos... Lo hace siempre con un estilo tremendamente ameno y literario, salpimentando el relato con toda clase de anécdotas personales que hacen del libro algo más que una mera obra de divulgación. El libro está sembrado de fotos e ilustraciones maravillosas acompañadas de comentarios, y hay multitud de recuadros que constituyen incisos con explicaciones aparte acerca de asuntos como la medición de un árbol, el trampeo, la observación de aves o mamíferos y otros similares, que recuerdo haber releído hasta la saciedad.

El bueno de Gerald

Hay quizás dos capítulos que merecen una especial atención: en el primero, titulado "Ser Naturalista", Durrell nos introduce en la historia del naturalismo y nos habla de su experiencia personal, explicándonos dónde reside la esencia del naturalista: en una curiosidad insaciable por conocer el entorno y en la capacidad para admirar y deleitarse con cosas tan humildes como las babosas que salen tras la lluvia o los gorriones que saltan en el parque. El segundo capítulo se titula "El naturalista y su hogar", y en él nos muestra cómo una casa con un pequeño jardín o un huerto guarda secretos tan fascinantes como una selva tropical para aquel que sabe mirar. En definitiva, creo que la principal enseñanza que se puede encontrar en este libro es, más allá de lo que pueda explicar acerca de los ecosistemas o las técnicas, la de la actitud que el Naturalista debe tener al mirar a su alrededor. Explica cómo el naturalismo se puede practicar en cualquier lugar, sólo con tener la capacidad y el entusiasmo necesarios para observar, y no son necesarios equipos caros e inaccesibles para todo ello. Una vez sembradas esas ideas, lo demás llega solo.

Mi venerado libro de la infancia.


Este libro no fue el único elemento que contribuyó a formar mi vocación, pero sin duda fue un pilar clave. A causa de él me hice con un macuto que llevaba conmigo siempre que salía al campo, y en el cual guardaba un cuaderno de campo (llegué a completar dos y medio a lo largo de varios años), una lupa, guías de reptiles y aves que realmente nunca llegué a usar demasiado, unos pequeños prismáticos y una brújula, que obviamente no necesitaba, pero oiga, nunca se sabe. Posiblemente sin él habría seguido otra senda, así que creo que es justo que le dedique unas líneas de este blog a esta obra. Os la recomiendo a todos, y os dejo este enlace a la vista previa que podéis encontrar en Google Libros. Si la disfrutáis la décima parte de lo que lo hice yo ya os habrá valido la pena.