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jueves, 30 de enero de 2014

Sopa de plástico, una problemática global

Hoy he visto el reportaje "Sopa de plástico, 1ª parte" emitido en el programa El escarabajo verde (al final del post podéis ver el vídeo). Explica la problemática de la contaminación marina por plásticos desde la situación que se vive en Lanzarote, si bien se cuida de aclarar que se trata de un problema global. Para profundizar en la cuestión se puede leer el informe Plastic Debris in the Ocean de la UNEP (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente). Un par de gráficos reveladores que pueden verse en este documento:


Producción mundial de plásticos desde el año cincuenta; actualmente cerca de una cuarta parte en Europa. Es notable como coinciden una caída durante una de las crisis del petróleo de los años 70 y otra durante la actual crisis financiera. Algo bueno tendrían que tener. Algunas clases de plásticos no aparecen representadas en el gráfico.
http://www.unep.org/yearbook/2011/pdfs/plastic_debris_in_the_ocean.pdf


La distribución estimada de la basura en el océano. Se observa que coincide con los llamados "cinco giros". Un giro oceánico es un sistema de corrientes cerrado, como un círculo (evidentemente no es una forma circular, sino más bien irregular, pero creo que se entiende la idea). Hay muchos más, pero los cinco que se mencionan en el pié de la imagen son los más grandes, y parece ser que actúan como una trampa que captura la basura y la acumula. Podemos ver como uno de los grandes giros queda bastante cerca de las Islas Canarias, donde el programa El escarabajo verde realizó su reportaje.
http://www.unep.org/yearbook/2011/pdfs/plastic_debris_in_the_ocean.pdf

Y aquí tenéis el programa. Esta es la primera parte, en teoría habrán de emitir una segunda que mientras escribo estas líneas todavía no está disponible, pero seguro que sabréis encontrarla sin mi ayuda cuando llegue el momento.

miércoles, 21 de agosto de 2013

¿Podemos diseñar una sociedad sostenible?

Los que sigáis el blog de Hablando de Ciencia conoceréis la sección "Pregunta a HdC", donde los redactores tratamos de contestar las preguntas de nuestros lectores. Os dejo aquí mi respuesta a una de ellas. 

¿Podemos diseñar una sociedad realmente sostenible? 

Más nos vale, porque lo contrario, una sociedad no sostenible, por definición está destinada a colapsar tarde o temprano. Es totalmente imprescindible para la perdurabilidad de nuestra especie encontrar un modelo social que sea sostenible, esto es, que no termine por agotar los recursos naturales de los que dependen nuestras vidas. Esto sólo se puede conseguir logrando que la explotación de estos sea lo bastante baja como para permitir su renovación a medida que los consumimos. Un ejemplo de explotación sostenible sería el caso de un bosque del que extraemos madera y otros recursos, pero nunca a un ritmo mayor del que necesita el bosque para regenerarse. Para lograr una sociedad sostenible, esta forma de hacer las cosas debería extenderse a todos los ámbitos de la economía. 

La sobrepesca puede conllevar un agotamiento definitivo de las especies de peces que usamos para alimentarnos.


La consecución de la sostenibilidad requeriría de una sociedad como la nuestra cambios en muchos aspectos. El crecimiento económico, en los términos en los que se produce en la actualidad, va aparejado a un creciente consumo de recursos naturales, lo cual es necesariamente insostenible por ser unos no renovables, y otros renovables pero limitados. Para alcanzar la sostenibilidad, las sociedades deberán cesar el incremento del consumo material. Dado que este parece ser considerado el camino a seguir en la actualidad por la mayoría de poderes políticos y económicos, lamentablemente parece muy difícil esperar que en el corto plazo se produzca un cambio de mentalidad generalizado. 

En cuanto al imprescindible freno del crecimiento poblacional, existen únicamente dos mecanismos: aumentar la tasa de mortalidad o disminuir la tasa de natalidad. Por supuesto, el primero es indeseable; de hecho la medicina lucha precisamente por alargar la esperanza de vida y así debe seguir. No queda pues otra opción que la segunda, la reducción de natalidad. Alguien podría temer que esto sólo pueda ser logrado mediante la adopción de medidas autoritarias y represivas, sin embargo la realidad es que se ha observado que cuando una sociedad alcanza cierto grado de bienestar la natalidad suele caer sin necesidad de leyes excepcionales. Que esto ocurra estará condicionado a una serie de circunstancias, como que los niños deban ser obligatoriamente escolarizados y ya no pueden ser usados como mano de obra, la mujer logre ciertos niveles de emancipación, y las familias tengan acceso a métodos anticonceptivos que les permiten llevar a cabo una planificación familiar. En definitiva, la sostenibilidad requiere no sólo de una mejor administración de los recursos naturales, sino también conlleva la necesidad de erradicar la pobreza y disminuir las desigualdades. 



La población mundial crece a destajo y la mayor tasa de crecimiento demográfico se observa en los países pobres.


Este necesario cese del crecimiento que podríamos llamar “material” no implica el fin del desarrollo humano. Puede ir acompañado (de hecho probablemente sea necesario) de un nuevo modelo de desarrollo “del conocimiento”. Aunque no consumamos más energía, agua o territorio, sí podemos seguir incrementando nuestro conocimiento científico, mejorando nuestra tecnología y enriqueciendo nuestro acervo cultural. 

En definitiva, alcanzar la sostenibilidad requiere de la combinación de dos tipos de soluciones: técnicas, por un lado, donde la Ciencia nos proporcionará el conocimiento y la tecnología necesarios para explotar los recursos del planeta de un modo sostenible; y políticas por otro lado, que pongan fin al modelo de crecimiento económico imperante hoy en día y que se ocupen del fin definitivo de la pobreza. Sin duda no es algo imposible, pero al ser algo que requiere de un cambio de mentalidad global ciertamente resulta complicado; sin embargo, en última instancia, que lo consigamos será una cuestión de voluntad.

lunes, 21 de enero de 2013

Excursión por la Comuna de Bunyola (II): el Penyal de l'Honor

En la primera parte de la excursión por la Comuna de Bunyola nos quedamos dentro del pinar a poca distancia de entrar definitivamente en un encinar. Como se aprecia en la foto, en los bordes del camino abundaban matas de Ampelodesmos mauritanica, llamadas càrritx por estos lares, una gramínea de gran tamaño y hojas de forma acintada y cortante que crece en espacios soleados y es particularmente abundante en la Sierra de Tramuntana.


Finalizando el pinar 

Dentro del encinar el ambiente es radicalmente distinto. El dosel del bosque es notablemente más espeso y llega mucha menos luz al suelo. Todavía se pueden ver algunos pinos, pero no dejan de ser árboles de cierta edad y con la suficiente altura para recibir luz solar directa, que progresivamente irán muriendo por una u otra causa. No hay ejemplares jóvenes que crezcan a la sombra para relevarlos, pues el pino es una planta heliófila (de las palabras griegas Helios, Sol; y fila, "amante de") es decir, necesita mucha luz solar. De este modo, el encinar substituye al pinar en un fenómeno conocido como "sucesión ecológica".


En pleno encinar. Sombrita güena.

Tras un rato de caminar llegamos a un cruce de caminos situado al lado de otro horno de cal, similar al que ya vimos en el primer post. 


Otro horno de cal

Así como en aquel vimos pinos arraigados sobre la pared de piedra del horno, en esta ocasión encontramos encinas jóvenes creciendo dentro.


¿Prohibido circular con bici en el horno?

Tomamos el camino hacia Cas Garriguer (está señalizado) y la espesura del bosque se incrementa. Es notable como el suelo presenta una gran cantidad de roca desnuda. Aquí aún vemos algunos pinos, pero escasos y algunos de ellos moribundos o caídos.


En la espesura del encinar. Aquí es donde uno se pone la chaqueta.

Como comenté antes, los encinares son bosques sombríos donde las plantas heliófilas no pueden prosperar. Realmente hay poca vegetación viviendo de la escasa luz que llega al suelo; el encinar se caracteriza por un sotobosque pobre, como muchos bosques maduros. Entre las plantas que vemos podemos contar musgos, que favorecidos por la humedad cubren buena parte de las rocas. También podemos encontrar en este ambiente al Cyclamen balearicum, conocido vulgarmente como pà de porc (pan de cerdo). Esta especie es un vestigio de Mioceno que hoy en día sólo podemos encontrar en las Baleares, Gerona y el sur de Francia. Son curiosas sus flores blancas con pétalos que crecen hacia atrás. Otro rasgo llamativo es el color del envés de sus hojas: violeta. 


Pà de porc (pan de cerdo), o Cyclamen balearicum creciendo entre hojas de un pino aislado.

Por supuesto, seguimos encontrando hornos de cal. Como veis, antaño hubo una buena industria explotando este recurso en la Sierra.


Y otro horno de cal más...

La entrada al horno, por si alguien quiere ver qué se cuece...

Poco después de pasar por este horno salimos del encinar y vamos a parar a un cruce de caminos en el que hacemos un alto para comer. Un trozo de pan y un butifarrón, queso y naranja. Y vuelta a arrancar.

Seguimos por encinar, pero ahora más abierto, a través de un camino notablemente más ancho. Llegado un punto, nos encontramos con una antigua sitja, una plataforma redonda de piedra y tierra que los carboneros utilizaban para apilar madera de encina y fabricar carbón vegetal por combustión incompleta. Al igual que en el caso de los hornos, estas construcciones abundan en la Sierra de Tramuntana. La madera de encina tiene un alto poder calórico, lo que la hace adecuada para este fin, y en el pasado en Mallorca estos bosques fueron explotados de forma sostenible para producir combustible. 


Sitja de carboner. Frecuentemente en las cercanías construían también una pequeña cabaña.

El encinar es ahora más abierto y el camino más ancho y despejado.

El hecho de que el bosque no sea tan frondoso nos permite ver de nuevo plantas heliófilas creciendo entre las encinas, como el càrritx que se ve en la siguiente foto, abajo a la izquierda.


Heliófilas y umbrófilas conviviendo en paz y armon... dura competencia.

Finalmente el encinar desaparece para dejar paso a un paisaje arbustivo. El camino, totalmente despejado, está rodeado ahora de lentiscos (Pistacia lentiscus), madroños (Arbutus unedo), estepa blanca (Cistus albidus) y otras muchas especies que crecen densamente pero sin alcanzar una excesiva altura, aunque también hay algunas encinas aisladas. Al fondo volvemos a avistar un señor pinar, en el cual nos habremos de internar girando a la izquierda para alcanzar la cumbre. Pero para eso habréis de esperar al desenlace de la excursión, próximamente en vuestro blog favorito este blog. 


De verdad, a estas alturas de la excursión se agradece un poco de camino llano y recto.

Mientras tanto os dejo un enlace al blog "Sangrando en Verde" para que aprendáis cositas sobre el Cyclamen balearicum.





NOTA: Este post participa en la XX edición del Carnaval de Biología, que hospeda Multivac42 en su blog Forestalia, y cuya temática es, como no podría ser de otra forma, "En el bosque...".

domingo, 30 de diciembre de 2012

Excursión por la Comuna de Bunyola (I): el Penyal de l'Honor

Tras mi retorno a Mallorca era imperativo planificar alguna excursioncilla. El viernes pasado, día 28 de Diciembre, me puse las botas de montaña y fui a la Comuna de Bunyola con un antiguo compañero de clase. Hacía un día soleado y agradable, así que el objetivo de subir hasta la cima del Penyal de l'Honor era más que aceptable. Lo primero de todo, dejar el coche aparcado en una pequeña explanada al pié de la montaña, al lado de este cartel. Haced clic sobre las fotos para ampliarlas.

Horari de Sa Comuna de Bunyola: de 9 h a 17 h. Me pregunto si vendrán a echarte pasada la hora...

En esta parte inicial, el camino circula entre cultivos y casas de campo (demasiadas para mi gusto).

Cultivo al lado del aparcamiento.

Por esta zona, entre las ramas de un olivo, pudimos detectar un nido abandonado entre las ramas de un pequeño olivo (Olea europaea).

Un nido abandonado. Y mientras tanta gente sin hogar...


Es posible observar abundante flora ruderal a los lados del camino.

Flora ruderal creciendo feliz y contenta al lado del camino.


Al cabo de no mucho rato de subida ya se pueden hacer algunas fotos de Bunyola desde el camino.


Bunyola
En esta zona encontramos un sustrato formado principalmente por roca calcárea, con poco suelo. La especie dominante es el pino carrasco (Pinus halepensis), del que encontramos sobre todo ejemplares adultos. El sotobosque no es demasiado espeso, quizás en parte debido a actividades de gestión. En la fotografía siguiente se aprecia un área con pinos jóvenes, que fue pasto de las llamas y ahora está regenerándose.
Pinar creciendo con poquito suelo

Desde la curva en el camino en la que se hizo la fotografía anterior hay una buena panorámica. Sólo hay que mirar hacia el otro lado...

No os acerquéis mucho al borde no sea que tengamos un disgusto...

Al cabo de poco nos salimos del camino asfaltado y seguimos por un sendero de tierra y piedras. Aquí el pinar presenta un sotobosque más denso y las encinas (Quercus ilex), de las que antes apenas se observaban algunos ejemplares de pequeño tamaño, ganan presencia progresivamente. Casi al inicio del camino encontramos un pequeño grupo de cabras asilvestradas de las que tuve tiempo de fotografiar dos antes que se fueran saltando ladera abajo. Hay controversia sobre cómo gestionar la presencia de estos animales en la Sierra, que en exceso puede resultar dañina para determinadas especies vegetales.


Beeeeeeee!!!!

En este mismo camino no tardamos en encontrar un horno de cal. Son abundantes en la Sierra de Tramuntana; la roca calcárea aportaba el calcio que al oxidarse forma cal, y la madera de encina el combustible de buena calidad del que extraer el calor necesario. El horno podía estar encendido durante días y días antes de concluir el proceso. Originalmente estaban cubiertos con una cúpula, pero actualmente sólo quedan los muros de piedra que revestían la excavación en el suelo donde estaba el horno. 

Esto sí es un horno y no lo que tengo en la cocina.
En la foto anterior se observa cómo dos pinos han logrado crecer encima del mismísimo muro del horno. Aunque no se aprecia en la imagen, su altura es considerable. A continuación un detalle de las raíces de uno de ellos:

Creciendo al límite, como un campeón

Proseguimos por la senda. Definitivamente ya hemos dejado el camino asfaltado atrás.


Cebolla albarrana (Urginea maritima), en Mallorquín "ceba marina" o "ceba d'ase".

Brezo (Erica multiflora). Por lo general esta especie presenta flores rosadas y, a diferencia de otras ericáceas, crece en suelos calizos.

Aquí el camino discurre todavía dentro del pinar, para entrar dentro de poco en otro tipo de bosque habitual en la Sierra: el encinar. Pero para eso tendréis que esperar al siguiente post...

Continuará...


NOTA: ¡Ya podéis ver la segunda parte de la excursión AQUÍ!

viernes, 7 de diciembre de 2012

Sobre el debate de transgénicos en Cuarto Milenio y la falacia "del modelo agrícola".

No soy amante de los programas de misterio; de hecho nunca he visto uno entero. Sin embargo, por curiosidad, el otro día me atreví a ver un pequeño fragmento de Cuarto Milenio, ante el revuelo que se había organizado en torno a él en mi timeline de twitter. Realmente tampoco se trataba de algo particularmente misterioso: ni OVNIS, ni fantasmas, ni cacofonías, ni apariciones marianas, ni chupacabras: era el debate sobre transgénicos en el que participaban José Miguel Mulet y José Antonio López como sus defensores y Luis Miguel Dominguez y Santiago Camacho como detractores.

No voy a entrar a valorar la calidad del debate. Simplemente diré que la moderación y edición me pareció algo tendenciosa, favoreciendo a los antitransgénicos. El propio Mulet lo comenta en su blog, donde podéis encontrar un enlace al vídeo. Más allá de esto, no hablaré del tema. Escribo este post porque me apetece comentar una confusión que veo habitualmente en los ataques contra los transgénicos, y que Luis Miguel convirtió en uno de sus argumentos principales. Debo decir que hasta donde conozco a este naturalista, que reconozco que tampoco es mucho, tiene mis simpatías y puede tenerme a su lado en nuestro común sentimiento de la necesidad de defender el Medio Ambiente, reclamar una sociedad sostenible o la protección del lobo ibérico; pero no puedo por ello dejar de criticar al menos una de las diversas falacias en las que cayó, imagino que desde la mejor intención. No pretendo otra cosa que hacer una crítica constructiva.

Antes de proseguir, el pequeño inciso de rigor para explicar qué es un transgénico, para aquellos lectores que no lo sepan. Resulta que lo más esencial que tenemos en común los seres vivos de este planeta es el código genético. La timina, guanina, citosina, y adenina son moléculas que encontramos en grandes cantidades en el interior de una célula, de un tipo que llamamos "bases nitrogenadas". Sin embargo, no las hallamos dispersas, sino unidas entre sí como eslabones que forman larguísimas cadenas... las cadenas de ADN. Además, no se distribuyen en esa cadena de forma aleatoria. Cada una de ellas puede compararse con la letra de un texto en el que están escritas las instrucciones para crear un ser vivo y hacerlo funcionar. Cada una de esas "instrucciones" es una secuencia a la que llamamos "gen", y será diferente según el modo en el que se distribuyan las bases nitrogenadas. La célula dispone de mecanismos que le permiten leer esas instrucciones y ejecutarlas. 
Las cuatro bases nitrogenadas del ADN y cómo se combinan formando cadenas de ADN.


No obstante, como es natural, las instrucciones no son las mismas para todos los organismos; de lo contrario seríamos todos iguales. La evolución se produce gracias a que al formarse nuevos seres vivos se producen alteraciones en el código genético y aparecen nuevas instrucciones que se añaden a las antiguas o las substituyen. Ahora, imaginad que nosotros pudiéramos copiar una instrucción determinada del código de un ser vivo y trasplantarla al código de otro, para otorgarle una nueva característica. Por ejemplo, la que nos permite a los humanos fabricar insulina a una bacteria, para que la fabrique ella. Esta bacteria sería un organismo genéticamente modificado (OGM) o transgénico. En realidad, un transgénico no deja de ser más que un organismo como cualquier otro, pero con una pequeña modificación que no presentaban sus progenitores y que cambia alguna de sus cualidades. 

Ratón transgénico al que se le ha añadido un gen de medusa que codifica una proteína fluorescente.


Y ahora volvamos al debate de Cuarto Milenio y a la confusión de Luis Miguel Domínguez.

La cuestión es que desde el primer momento el buen hombre empezó incidiendo en los problemas medioambientales que está provocando el cultivo de soja transgénica en Brasil. Personalmente no conozco en detalle los casos de ese país u otros similares, así que no entraré a enjuiciarlos, pero no cabe duda de que el modelo agrícola actual es algo insostenible. En los medios se habla poco de la tremenda degradación y pérdida de fertilidad que están sufriendo progresivamente los suelos, y es cierto que los "mares verdes" agrícolas son un misil dirigido a la línea de flotación de la biodiversidad de los territorios, además de que la predominancia del uso de unas pocas variedades también ha supuesto una pérdida en la diversidad de las especies domésticas (en este punto debo mostrarme en desacuerdo con Mulet, que defiende que estos organismos no forman parte de la biodiversidad, pero eso lo dejo para otra ocasión). Además, la agricultura moderna tiene un gran requerimiento de insumos*, entre los cuales se encuentra el uso de pesticidas contaminantes o inmensas cantidades de combustibles fósiles. En cierto modo, nuestros sistemas agrícolas se alimentan de petróleo, y eso nos permite mantener una producción "acelerada", pero es algo que no podrá durar siempre. Luego están los aspectos económicos y sociales: no seré yo quien ponga en duda que la riqueza no está bien repartida, un aspecto al que se debe hallar solución. Y por supuesto, es una locura el consumo de productos provenientes del otro lado del mundo que podemos comprar en el mercado local. No por una cuestión chauvinista: simplemente, de nuevo, el transporte de largas distancias conlleva un consumo energético desmesurado. Desde luego el comercio es positivo para las relaciones entre países, pero hay cosas que entran en el terreno de lo absurdo. 

Pero ojo. A estos efectos, tanto da que en Brasil cultiven "mares de soja transgénica" como que cultiven "mares de melones de Villaconejos". Los problemas ambientales y sociales derivados iban a ser poco más o menos los mismos. Una cosa es la práctica agrícola, el cómo se cultiva, las técnicas que se usan; y otra la semilla que se utiliza. Puede ser un aspecto relevante el que escoja o no cultivar una planta poco adaptada a las condiciones ambientales (y que por tanto necesitará más insumos), pero es indiferente que escoja entre un transgénico o un no transgénico. El hecho de que una variedad de cultivo se haya desarrollado con ingeniería genética no va ligado a la cuestión de que se cultive siguiendo un procedimiento u otro. De hecho, el actual modelo agrícola, iniciado durante la llamada Revolución verde en los años cincuenta (y que por otro lado permitió multiplicar la producción de alimentos y procurarnos un mayor abastecimiento, no todo va a ser negativo, lo cortés no quita lo valiente) se creó mucho antes de que apareciera el primer transgénico, lo cual ocurrió en el año 72 cuando Herbert Boyer y Stanley Cohen insertaron genes de un sapo africano en una bacteria con fines experimentales. 

Norman Ernest Borlaug, ingeniero agrónomo estadounidense y precursor de la Revolución verde.

Creo que existe una gran confusión respecto de este tema. Mucha gente ataca los transgénicos con el argumento falaz que podríamos denominar "del modelo agrícola", pero es que son cuestiones diferentes. Los transgénicos no son culpables de los problemas que enumeré anteriormente. Es más, somos capaces de diseñar variedades que nos permitan mejorar el nivel de sostenibilidad, por ejemplo produciendo la misma cantidad de cultivo utilizando menos agua, lo cual sin duda sería de gran utilidad en climas como el mediterráneo. Este es un ejemplo de una línea de investigación real que existe en organismos públicos. Creo que un ecologista que ataca la tecnología de la transgénesis lanza piedras sobre su propio tejado. Si detectamos problemas en el modo de hacer agricultura, en la legislación que pueda permitir prácticas de dudosa ética, en el reparto de la tierra y en otras mil cuestiones, se debe actuar en esos frentes. Pero la lucha contra los transgénicos es la lucha equivocada.


________
*Insumo: un insumo es un recurso que se utiliza en la producción de algún bien. En el caso de la agricultura, los abonos, el agua de riego, los pesticidas, la maquinaría agrícola o el combustible para moverla serían ejemplos de insumos.


viernes, 23 de noviembre de 2012

Charla "¿Qué es un árbol?" Bibliografía y agradecimientos.

Gracias a @freyi por el árbol.
Para quienes hayan asistido a mi charla sobre árboles en el evento de Hablando de Ciencia celebrado en Barcelona y estén interesados en las fuentes utilizadas, aquí una lista. Para los que no hayan venido... ajo y agua.

El árbol, de Bernard Fischesser. Una obra divulgativa aconsejable para todos los públicos.

Tree Rings and Evinronment Dendroecology, 1996, de Fritz Hans Schweingruber. Un libro tochote y viejuno pero muy interesante. Dirigido a gente con cierto nivel.

Un artículo sobre los calamites. También se aconseja tener conocimientos previos:
Volume 185, 1 October 2012, Pages 64–78

Otro sobre el crecimiento secundario en árboles fósiles. Este al menos está en castellano:
Josefina Bodnari, Eliana Paula Coturel, El origen y diversificación del crecimiento cambial atípico en plantas fósiles: procesos del desarrollo involucrados Bol. Soc. Argent. Bot. 47 (1-2): 33-70. 2012


¿Qué hacer cuando puedes vivir siglos? Dibujo de factura propia. Gracias a @freyi por darle color.



Agradecer por sus comentarios acerca de cuestiones científicas a:
Emília Gutiérrez
Daniel Nadal

Por prestarme fotografías propias a:
Daniel Nadal

Por dibujar el árbol de la portada y colorear mi caricatura del cierre a:

Por hacer posible el acto a:
Los ponentes, Jorge Mederos, Daniel Nadal y Mario Beltrán; a Rubén Lijó por trabajarse el cortometraje; a la ACCC por el apoyo logístico y difusión, en particular a sus socios Raul Toran y Rubén Permuy; al Colegio de Periodistas de Cataluña por la infraestructura y, por supuesto, a todos los asistentes.

Y no olvidéis que:
Este acto es una iniciativa de Hablando de Ciencia.




... me parece que no me dejo a nadie. 




domingo, 18 de noviembre de 2012

Hablando de ciencia habla de árboles

Estas últimas semanas he estado liado preparando lo que desde Hablando de Ciencia ya se ha anunciado: una sesión de microcharlas, una de las cuales impartiré yo mismo, y la presentación del corto El Drago Milenario, de Rubén Lijó. Realmente, en HdC hemos trabajado para organizar esto mismo en multitud de ciudades españolas, con motivo de la Semana de la Ciencia, pero es a mi a quien ha tocado hacerme cargo del evento en Barcelona. ¿El tema? Los árboles y los bosques. ¿El lugar? El salón de actos del Colegio de Periodistas de Cataluña. Inmejorablemente situado al lado de Plaza Cataluña, centro neurálgico de Barcelona. Aquí tenéis un mapa. ¿El momento? A las 18:30, el próximo viernes 23 de Noviembre. ¿El programa? Podéis leerlo a continuación:


Microcharlas divulgativas:
¿Qué es ser un árbol? (Gerardo Costea, biólogo, miembro de Hablando de Ciencia)
Los árboles son organismos fascinantes que forman parte de nuestra vida cotidiana, pero ¿cuántos sabríamos decir qué son realmente? ¿Qué los distingue de otras plantas y caracteriza? La Ciencia tiene las respuestas.

Biodiversidad en el dosel. Explorando la frontera más alta. (Jorge Mederos, biólogo, investigador en el Museu de Ciències Naturals de Barcelona)
Somos animales caminadores, y como a tales el bosque se nos presenta habitualmente desde su parte baja: el sotobosque. El dosel, dominio de seres trepadores y voladores, es un mundo totalmente diferente. Afortunadamente, los científicos han hallado el modo de explorarlo y descubrir sus secretos.

Gestionando el bosque mediterráneo: estrategias de gestión forestal adaptada a las necesidades del siglo XXI (Daniel Nadal, biólogo, miembro del departamento de Ecología de la UB)
El bosque ha formado parte de la cultura y los medios de subsistencia de la población en el mediterráneo desde sus inicios. Actualmente, con el abandono de los mecanismos de producción y explotación tradicionales, el bosque mediterráneo requiere del tratamiento y el cuidado de la sociedad para enfrentar con buenas expectativas el reto del cambio climático

¿Ecología del fuego? ¿de qué me estás hablando? (Mario Beltrán, ingeniero de montes del Área de Gestión Forestal Sostenible, Centre Tecnològic Forestal de Catalunya)
Los incendios forestales son parte del ecosistema mediterráneo. Lejos de considerarlos como catástrofes, el conocimiento sobre la ecología del fuego nos permite entender mejor esté fenómeno, pero también plantear el debate sobre qué medio natural queremos y qué pide la sociedad a los bosques.



Agradecer a la Associació Catalana de Comunicació Científica (ACCC), que ha colaborado en la organización al ayudarnos a encontrar un lugar donde realizar el acto y por la difusión, particularmente a Rubén Permuy, que es quien ha llevado el tema desde ahí; al Colegio de Periodistas de Cataluña por ceder el local; a Raul Toran por el apoyo prestado; a Aitor por ayudarme a completar la lista de ponentes y por la difusión; a los ponentes mismos por prestarse voluntarios para esto; y por supuesto, a cualquiera que haga difusión de esto y a quien se acerque a ocupar un asiento en la sala. Si resulta que Barcelona os pilla lejos, siempre podéis echar un vistazo a la web de HdC; quizás os encontréis con que en vuestra ciudad también tengamos algo planeado.


Tenéis permiso para imprimir cientos de copias y empapelar vuestro barrio con este cartel.







miércoles, 17 de octubre de 2012

Mi particular reconocimiento a Gerald Durrell.


A lo largo de la Historia han existido muchos naturalistas, siendo quizás Charles Darwin el más destacado de entre todos, pero no el único: Jean Baptiste Lamarck, Ernst Haeckel, José de Acosta o Linneo son sólo algunos otros nombres de relevancia. Sin embargo, con frecuencia los naturalistas que se convierten en el referente a seguir por los chavales que algún día habrán de convertirse en biólogos, ambientólogos o similares suelen ser más conocidos no tanto por su trabajo científico como por su labor divulgadora. Es el caso de hombres como el británico David Attenborough o nuestro Félix Rodríguez de la Fuente, que tantas vocaciones habrá forjado. Estas son las verdaderas "estrellas" del naturalismo. En mi caso tuve a un referente que en España no es muy conocido. Su nombre era Gerald Durrell y su obra "La Guía del Naturalista" uno de los primeros libros que cayó en mis manos, cuando aún era un lector primerizo. Aunque una de las primeras cosas que hice fue rayar la portada con un bolígrafo de tinta azul, posteriormente lo forraría y lo cuidaría como a uno de mis mayores tesoros, para volver una y otra vez a mis partes favoritas, como quien relee distintos pasajes de un Evangelio.

Estatua de dos primates en el zoo de Jersey. Uno de ellos es Gerald Durrell.


En este libro, Gerald Durrell describe capítulo por capítulo diferentes ecosistemas de la Tierra: matorrales mediterráneos, litorales rocosos, arenosos, bosques, la tundra, desiertos... Lo hace siempre con un estilo tremendamente ameno y literario, salpimentando el relato con toda clase de anécdotas personales que hacen del libro algo más que una mera obra de divulgación. El libro está sembrado de fotos e ilustraciones maravillosas acompañadas de comentarios, y hay multitud de recuadros que constituyen incisos con explicaciones aparte acerca de asuntos como la medición de un árbol, el trampeo, la observación de aves o mamíferos y otros similares, que recuerdo haber releído hasta la saciedad.

El bueno de Gerald

Hay quizás dos capítulos que merecen una especial atención: en el primero, titulado "Ser Naturalista", Durrell nos introduce en la historia del naturalismo y nos habla de su experiencia personal, explicándonos dónde reside la esencia del naturalista: en una curiosidad insaciable por conocer el entorno y en la capacidad para admirar y deleitarse con cosas tan humildes como las babosas que salen tras la lluvia o los gorriones que saltan en el parque. El segundo capítulo se titula "El naturalista y su hogar", y en él nos muestra cómo una casa con un pequeño jardín o un huerto guarda secretos tan fascinantes como una selva tropical para aquel que sabe mirar. En definitiva, creo que la principal enseñanza que se puede encontrar en este libro es, más allá de lo que pueda explicar acerca de los ecosistemas o las técnicas, la de la actitud que el Naturalista debe tener al mirar a su alrededor. Explica cómo el naturalismo se puede practicar en cualquier lugar, sólo con tener la capacidad y el entusiasmo necesarios para observar, y no son necesarios equipos caros e inaccesibles para todo ello. Una vez sembradas esas ideas, lo demás llega solo.

Mi venerado libro de la infancia.


Este libro no fue el único elemento que contribuyó a formar mi vocación, pero sin duda fue un pilar clave. A causa de él me hice con un macuto que llevaba conmigo siempre que salía al campo, y en el cual guardaba un cuaderno de campo (llegué a completar dos y medio a lo largo de varios años), una lupa, guías de reptiles y aves que realmente nunca llegué a usar demasiado, unos pequeños prismáticos y una brújula, que obviamente no necesitaba, pero oiga, nunca se sabe. Posiblemente sin él habría seguido otra senda, así que creo que es justo que le dedique unas líneas de este blog a esta obra. Os la recomiendo a todos, y os dejo este enlace a la vista previa que podéis encontrar en Google Libros. Si la disfrutáis la décima parte de lo que lo hice yo ya os habrá valido la pena.


lunes, 10 de octubre de 2011

El bucle de la conservación

Creo que a nadie se le escapa que hay especies que atraen mucho más la atención de la sociedad y en cuya conservación, de ser necesario, se invierten más fondos y esfuerzos que en otras especies apenas conocidas. Resulta bastante intuitivo que lo que interesa a la gente es lo que recibe prioridad. Sin embargo, vale la pena preguntarse qué factores afectan a la inversión en los planes de conservación y hacer un análisis científico riguroso.

Ecosistemas, la revista de la Asociación Española de Ecología Terrestre (AEET), publica en su número de Enero de 2011 un estudio llamado «La conservación de biodiversidad en España: atención científica, construcción social e interés político». En la introducción del artículo podemos leer lo siguiente:

«La priorización de fondos para la conservación de especies depende de diferentes dimensiones asociadas indirectamente con la toma de decisiones: información científica existente, opinión pública y legislación vigente».

No es difícil ver cómo funciona la dinámica: se invierten más fondos en la conservación de especies de las cuales existe más conocimiento científico (puesto que ese conocimiento nos permite utilizar esos fondos con más eficacia) a la vez que en aquellas en las que la sociedad está más dispuesta a gastar dinero. El papel de la legislación es bastante obvio: desde ese plano se genera las leyes que establecen que una especie esté o no protegida, así como las bases legales que permitirán llevar a cabo las acciones necesarias para su conservación.

Este es el punto de partida del estudio. Con él, los autores buscaron comprobar si efectivamente en España se observa una relación entre cada una de estas tres patas del taburete del presupuesto de la conservación y la inversión que realizan las administraciones. Y en efecto, los análisis realizados sobre los datos que utilizaron establecieron que la relación existe. Pero además pudieron ver la existencia de un bucle de retroalimentación positiva, una especie de círculo vicioso, que hace que sean unas cuantas las especies que se benefician del dinero público y que otras estén dejadas de la mano de Dios.

El bucle funciona del siguiente modo, simplificando: existen algunas especies por las que existe mayor interés social, en torno a las que los investigadores centran la mayor parte de sus estudios, generando más conocimiento científico sobre ellas. A su vez, los políticos legislan principalmente en favor de esas especies, por un lado porque se sabe más de ellas, por otro porque despiertan las simpatías del pueblo, e invertirán más fondos en su conservación y también en la investigación sobre ellas. Esto será un estímulo extra para que los científicos sigan en esa línea de trabajo. Finalmente, cuando a través de noticias, reportajes, artículos de divulgación o planes de educación ambiental toda esta información llegue a la sociedad, se fomentará todavía más su interés sobre esos animales y plantas, lo que de algún modo cierra el círculo.

Bucle del que se benefician especies como el lince ibérico. El interés que despierten en la sociedad se transmitirá a los responsables de tomar las decisiones a través de la opinión pública. Éstos invertirán más tanto en su protección como en la investigación sobre ellos. A su vez, la información proporcionada por la Ciencia todavía reforzará este efecto. Los resultados de las investigaciones y de los programas de conservación se transmitirán a la sociedad a través de divulgación, medios de comunicación y educación ambiental, lo que influirá de nuevo en la opinión, volviendo a empezar el ciclo. Mientras los esfuerzos y la atención se centran en determinadas especies, otras quedan fuera del círculo y tienen dificultades para entrar. La línea discontínua es una interpretación mía que no aparece en el estudio: la comunidad científica, como parte de la propia sociedad, probablemente también manifiesta más interés por unas especies que por otras. En el estudio original puede verse un diagrama similar mucho más completo.

No todas las especies vivientes son animales y plantas. Sin embargo, la realidad es que las especies que más favorecidas se ven por este bucle pertenecen a alguno de esos dos reinos. Los autores del trabajo también hicieron un análisis de qué grupos eran los que más interés despertaban, los más estudiados y aquellos más protegidos y en cuya conservación se invierte más dinero. Si retomamos la comparación que hice unas líneas atrás con un taburete de tres patas (las patas del interés social, del científico y del político), podríamos decir que se observó cómo era el taburete para cada uno de ocho grupos: mamíferos, aves, plantas superiores, herpetofauna (reptiles y anfibios), invertebrados, peces, microorganismos y hongos. Al final se observaban cuatro grupos en los que se reunían los taburetes similares entre sí: en uno están los tres primeros (mamíferos, aves y plantas superiores), los más beneficiados por el bucle; un poco peor están la herpetofauna y los invertebrados, pero ni mucho menos tanto como los peces. Sin embargo, los taburetes de patas más endebles son los de los hongos y microorganismos. Como decía antes, ni animales, ni plantas.

Representación tridimensional del interés existente por los distintos grupos de seres vivos. El máximo interés (cuadro verde) se lo llevan los mamíferos (concretamente carnívoros y cetáceos), y en menor medida la vegetación superior y las aves acuáticas, rapaces y esteparias. Los microorganismos y los hongos aparecen como parias olvidados por todos. Algún día se vengarán destruyéndonos y descomponiéndonos. La imagen se ha tomado del artículo original.

Entre otras cosas, el estudio comenta que la existencia de una creciente preocupación social por la herpetofauna y (como puede verse en el gráfico) en menor medida por los invertebrados, ambos grupos que ya gozan de la atención de los científicos, podría ser una oportunidad para quebrar el círculo vicioso, y hacer que los fondos destinados a conservación se redistribuyan entre más beneficiarios. Lamentablemente, estamos en tiempos de crisis, y me da la impresión de que sapos, culebras y babosas (y no sólo ellos) van a tener que esperar mucho tiempo.




Artículo original, por B. Martín-López, I. Martín-Forés, J.A. González y C. Montes, publicado en revista Ecosistemas.