Dejo aquí la grabación de
Rubén Permuy para la
Associació Catalana de Comunicació Científica de la conferencia que el pasado 13 de Diciembre dio en el
Ateneu de Barcelona José Molero, economista y catedrático de la Complutense de Madrid. En ella contextualiza los aspectos sociopolíticos y económicos de la ciencia española haciendo un repaso de su historia desde los inicios del franquismo, y analiza sus perspectivas en la actual situación de crisis y recortes drásticos. Las conclusiones no son en absoluto halagüeñas.
Algunos comentarios interesantes:
En España sectores empresariales que innovan y generan valor añadido (farmacéutica, electrónica, aeroespacial, etcétera) no se han consolidado suficientemente y se encuentran en una proporción inferior a la media de los países desarrollados. Así pues, nos faltan "agentes sociales" que desarrollen tecnología. Esta cuestión está fuera del debate político.
En la balanza de pagos tecnológicos de España, lo que ingresamos por tecnología no cubre ni el 30 % de lo que pagamos por lo que compramos. Este es un problema que tampoco está en el debate político.
Lo que está previsto aprobar este año en los presupuestos del Estado es poco más que lo del 2004 (teniendo en cuenta el valor constante del dinero, es decir, descontando la subida de precios).
La inversión de las CCAA prácticamente está desaparecida.
Por si fuera poco, el sistema científico creció durante los anteriores años de inversión. Esto conlleva que los recortes resulten aún más dañinos, pues requiere de más recursos para mantenerse. Los fondos por investigador y las subvenciones por investigador público están a niveles de país de ciencia pobre.
La mayor parte de la reducción es en subvenciones, que es lo que tiene que nutrir la investigación pública. Han caído menos los fondos financieros: los créditos. El problema es que estos últimos no se utilizan, puesto que las instituciones no están en condiciones de pedir créditos (y ya sabemos que los bancos no están por la labor de concederlos).
Llevamos varios años en los que no se ejecuta más de la cuarta parte del presupuesto, sobre todo la parte correspondiente a los créditos.
Los presupuestos no se encajan en un discurso estratégico con un objetivo. Los responsables de los recortes no tienen perspectiva alguna de la línea de acción a seguir. Simplemente recortan por recortar.